Redacción Farmacosalud.com
La patología dual hace referencia a la coexistencia de una adicción -comportamental o a sustancias como el alcohol y otras drogas- y otro trastorno de salud mental, como la depresión, la ansiedad o la esquizofrenia. La confluencia de ambos trastornos, sostienen los expertos, es lo que se espera y no una excepción. De hecho, se estima que más del 50% de los pacientes de la red de salud mental presentan también una adicción, mientras que la totalidad de los pacientes en la red asistencial de adicciones presenta además otro trastorno mental. En muchos casos, ambas afecciones interactúan y se influyen mutuamente. A veces, el consumo se inicia como un intento de aliviar un malestar previo; en otras ocasiones, es el propio consumo el que precipita o agrava síntomas de salud mental.
La evidencia científica indica que el abordaje integrado de ambos trastornos mejora los resultados clínicos y reduce el riesgo de recaídas. Sin embargo, se estima que más del 90% de las personas adultas no reciben tratamiento específico para ambas patologías de forma coordinada.

Fuente: SEPD / Docor Comunicación
Consenso internacional
Ahora, un consenso internacional impulsado por la World Association on Dual Disorders y la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD), con la participación de la Universidad Cardenal Herrera CEU (Valencia), el Hospital Universitario de Bellvitge (l’Hospitalet de Llobregat, en Barcelona) la Universidad Europea de Madrid y la Universidad de Barcelona concluye que el tratamiento psicológico integrado -en el que el mismo equipo aborda simultáneamente el trastorno adictivo y el otro trastorno de salud mental- es más eficaz que los tratamientos por separado. Los trabajos han sido publicados en la revista científica ‘Journal of Clinical Medicine’ y han sido liderados por las Dras. Ana Benito, Susana Jiménez-Murcia, Judit Tirado-Muñoz y Ana Adan.
Los dos artículos revisan la evidencia científica disponible y concluyen que el tratamiento psicológico es eficaz en la patología dual. Las intervenciones con mayor respaldo científico son la entrevista motivacional, la terapia cognitivo-conductual, la prevención de recaídas y las estrategias multicomponente adaptadas a cada persona.
En los artículos también se analizan combinaciones específicas, como la patología dual asociada a trastornos de ansiedad, trastorno por estrés postraumático, trastornos del neurodesarrollo o trastornos de la personalidad. En muchos casos, la terapia cognitivo-conductual es el tratamiento de primera línea, si bien el equipo científico señala que es necesario reforzar la investigación en algunas áreas.
Pocos ensayos clínicos aleatorizados
Según la Dra. Benito, primera autora de los artículos y vocal de la Sociedad Española de Patología Dual, “cuando se tratan por separado la adicción y el trastorno de salud mental, el riesgo de recaídas repetidas es mayor. Por el contrario, el abordaje integrado permite reducir este círculo de recaídas y mejorar la adherencia al tratamiento”.
El equipo investigador también subraya que todavía existen pocos ensayos clínicos aleatorizados y que muchos estudios presentan limitaciones metodológicas. Por ello, el consenso establece una agenda de investigación orientada a mejorar la calidad de la evidencia disponible.
Las autoras concluyen que la patología dual requiere “de equipos multidisciplinares y una mirada integrada”, ya que tratar por separado el trastorno adictivo y el trastorno de salud mental puede limitar la eficacia del tratamiento. “La coordinación y la personalización de la intervención son claves. La patología dual es una realidad compleja que afecta a miles de personas. En ese sentido, el consenso aporta un marco científico claro para avanzar hacia una atención más coordinada, eficaz y adaptada a cada situación”, concluye la miembro del grupo de investigación en Salud Mental y Adicciones (TXP) de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

Autor/a de la imagen: Momius
Fuente: depositphotos.com
Patología dual y chemsex
En otro orden de cosas, cabe destacar que el chemsex o el uso intencional de drogas psicoactivas antes o durante las relaciones sexuales para intensificar, facilitar o prolongar el placer y la experiencia sexual, hace tiempo que dejó de ser un fenómeno marginal en los dispositivos de atención a la salud mental y las adicciones para convertirse en una realidad cada vez más frecuente, sobre todo en las unidades de adicciones. No en vano, las sustancias más frecuentemente asociadas con esta práctica (estimulantes como las metanfetaminas, GHB/GBL o mefedrona y otras catinonas) tienen un alto potencial adictivo, especialmente, como señala el Dr. Pablo Vega Astudillo, vicepresidente de la SEPD, “cuando se consumen en patrones compulsivos y prolongados”, como ocurre en sesiones de chemsex.
En estas sesiones, además, es frecuente el policonsumo, lo que complica aún más el cuadro clínico. “Los estudios muestran que más de la mitad personas que practican chemsex presentan trastornos adictivos. El chemsex implica el uso de sustancias psicoactivas en contextos de alta intensidad emocional y refuerzo inmediato (placer, desinhibición, conexión social), lo que incrementa significativamente el riesgo de desarrollar un trastorno por uso de sustancias”, reflexiona el galeno.
Para el Dr. Vega, sin embargo, el consumo de sustancias asociado al chemsex no debe entenderse como una conducta aislada, sino como “la interacción entre una sustancia y un cerebro vulnerable”, un contexto que facilita tanto la dependencia psicológica como la neurobiológica. La vulnerabilidad cerebral, según el experto, se demuestra en el hecho de que es “muy habitual” que los usuarios de este tipo de actividades íntimas presenten también, además de adicciones, una mayor prevalencia de otros trastornos mentales como la depresión, problemas de ansiedad, trastornos de la personalidad o disfunciones relacionadas con un trauma.




