Redacción Farmacosalud.com
El Ministerio de Sanidad ha registrado más de 18.500 agresiones a profesionales del Sistema Nacional de Salud (SNS) en 2025, lo que supone un aumento del 8,74% respecto a 2024. No obstante, cabe destacar que el crecimiento de este tipo de hostilidades se ha moderado en comparación con 2023 y 2024, años en los que se notificó un incremento del 15,74%. Para la Dra. Pilar Niño García, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y miembro del Grupo de Trabajo de Salud Laboral de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), esa atemperación en el aumento de la violencia contra los profesionales de la salud “no es ningún consuelo… es más, debería tenderse a las 0 agresiones”.
La mayor parte de los incidentes registrados corresponden a agresiones de carácter no físico, que incluyen insultos, amenazas o comportamientos intimidatorios. En 2025, estas escenas representaron el 84,5% del total de las agresiones notificadas, mientras que los ataques físicos supusieron el porcentaje restante. Por nivel asistencial, la Atención Primaria (AP) concentra el mayor número de agresiones notificadas (51%), seguida de la Atención Hospitalaria (47%). Las emergencias extrahospitalarias representan un porcentaje menor del total de incidentes registrados.

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En Atención Primaria, sólo se denuncian formal y legalmente un 20% de los ataques
“En España las agresiones a profesionales sanitarios representan un porcentaje muy importante a nivel estructural. En el caso de la AP, que es el ámbito más afectado (más del 50% de los casos), las personas agredidas son, en un porcentaje mayoritario, mujeres médicas jóvenes. Es el foco de la violencia sufrida. Pero sólo se denuncian formal y legalmente un 20% de esos episodios. El resto queda en quejas por escrito, sin más, notificadas a las gerencias de Atención Primaria”, detalla la Dra. Niño.
Según el informe de Sanidad -relativo a todos los escalones asistenciales-, la mayoría de las víctimas de ataques son mujeres. En concreto, concentran el 80% de las hostilidades registradas frente al 20% correspondiente a hombres, ‘una distribución que guarda relación con la composición de la plantilla sanitaria, en la que aproximadamente el 76% de los profesionales son mujeres’, se lee en el documento. En cuanto a la edad, el grupo de 25 a 35 años es el que padece la mayoría de esta clase de violencia.
El 57% de los agresores son varones
En el 71% de los incidentes notificados, la persona agresora es el propio usuario de la sanidad o paciente, mientras que el 29% corresponde a familiares o acompañantes. Por sexo del individuo agresor, los hombres representan el 57% de los casos, mientras que el 43% restante recae en la población femenina.

Dra. Pilar Niño García
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Los ataques se producen principalmente en consultas y espacios de atención directa al paciente, seguidos de áreas de hospitalización y servicios de urgencias. Estos entornos concentran una mayor interacción con usuarios y acompañantes, lo que incrementa la exposición a situaciones conflictivas.
Con respecto a las causas de los episodios violentos, el informe señala que los motivos más frecuentes están relacionados con la atención recibida (29%), seguida de las demandas del propio usuario o paciente (28%) y de aquellas asociadas al acto sanitario o administrativo realizado (15%).
Demoras asistenciales, consultas masificadas…
A juicio de la Dra. Niño, hay varios motivos que explicarían la agresividad mostrada contra los trabajadores de la sanidad: desde demoras asistenciales y consultas masificadas, hasta problemas burocráticos en relación con bajas laborales, pasando por discrepancias con los tratamientos médicos prescritos. “Además -asegura la experta-, cada vez tienen una mayor presencia las alteraciones psicológicas, el abuso de sustancias, la tensión familiar con los familiares de los enfermos…”
Otro de los factores que estarían en el origen de los comportamientos hostiles es la información que ciertas personas transmiten a través de las redes sociales. Es decir, por una parte, los pacientes buscan en redes sociales tratamientos, aplicaciones, dietas, etcétera que “no son los establecidos científicamente o bien son tratamientos que no se pautan desde Atención Primaria. Y, por otra, los familiares en muchas ocasiones buscan, para un pariente anciano, una solución rápida a un problema social y médico de difícil cobertura en el ámbito del abordaje multidisciplinar”.
IA disuasoria: cámaras con detección inteligente, aplicaciones de reconocimiento de voz…
En cuanto a las posibles medidas disuasorias que podrían implantarse -o reforzarse- en la sanidad, la representante del Grupo de Trabajo de Salud Laboral de SEMERGEN no vería con malos ojos la presencia de vigilantes de seguridad en según qué servicios, como por ejemplo los de Urgencias en centros de AP. “Además, pueden usarse medios de Inteligencia Artificial (IA)… hay multitud de posibilidades de empleo de la IA en seguridad: cámaras con detección inteligente, aplicaciones de reconocimiento de voz, algoritmos de comportamiento y para la prevención de conflictos…” Con todo ello, se podrían “reducir los riesgos hasta en un 25-30%”, remarca.
En definitiva, la Dra. Niño considera que el abanico de posibles soluciones para frenar la agresividad es amplio: aumento de las plantillas de profesionales con la correspondiente formación en el manejo de conflictos, agilización de los trámites administrativos, colocación de ‘botones del pánico’, utilización de sistemas de vídeo-vigilancia, empleo de aplicaciones de IA…

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Asimismo, la facultativa apuesta por realizar campañas informativas al respecto, “recordando que en España las agresiones a sanitarios están recogidas en el artículo 550 del Código Penal. Desde 2015, los profesionales de la salud que trabajan en el ámbito público se consideran autoridad pública. Esto implica que las agresiones o intimidaciones graves se castiguen como un delito de atentado”.




