Redacción Farmacosalud.com
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado que España prohibirá el acceso a plataformas digitales a menores de 16 años debido a los riesgos que entraña para la formación humana de estas personas el uso de unos recursos tecnológicos que actualmente están marcados por ciertos vacíos regulatorios y una cierta laxitud fiscalizadora. A juicio del Prof. Joan Boada-Grau, catedrático de Psicología Social de la Universidad Rovira i Virgili (URV, en Tarragona), el veto debería ir acompañado de la adecuada concienciación de los progenitores o tutores sobre este tema, por cuanto que “la formación se lleva a cabo en la escuela, pero lo que es la educación se realiza en casa, en el ámbito familiar. Por tanto, lo que plantea el Gobierno debería de ir acompañado de medidas de sensibilización hacia los padres”.

Autor/a: TatyanaGl
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“En mi opinión, y partiendo de la perspectiva de la comunidad docente, los profesores o los maestros ya estamos suficientemente sensibilizados sobre los hándicaps que implica un consumo abusivo o descontrolado de las redes sociales”, sostiene Boada-Grau. No obstante -matiza el experto-, eso no quiere decir que haya que culpar a los progenitores o cuidadores de que algunos niños y adolescentes estén literalmente enganchados o hagan un mal uso de las plataformas digitales. “Yo hablaría, más bien, de responsabilidad… el concepto de culpa es un concepto que, a mi entender, no es correcto en este debate”.
Inmadurez infantojuvenil
Sea como fuere, parece claro que la prohibición que piensa llevar a cabo el Ejecutivo responde al hecho de que un consumo inadecuado de las redes sociales u otros canales tecnológicos -acceso a mensajes de odio, pornografía, incitación a posibles adicciones, etc.- puede afectar negativamente a la psique de la población pediátrica, un colectivo que no ha alcanzado aún la madurez suficiente como para asimilar ciertos contenidos. Cabe decir que la medida anunciada por Sánchez ya tiene un precedente en Australia, afirma el Prof. de la URV. Con todo, Boada-Grau preferiría que en lugar de ‘prohibir’ se optara por “controlar” la exposición a determinados materiales apelando, una vez más, a la inmadurez psicológica de los menores.
En esta línea, el Prof. Boada-Grau no le haría ascos a aplicar tales restricciones también a algunos jóvenes de la franja etaria comprendida entre los 16 y los 18 años. Lógicamente, la medida afectaría a aquellos individuos que no tuvieran aún la "suficiente madurez psicológica” como para entender el alcance o significado de determinados contenidos.
¿Hasta qué punto serán eficientes los mecanismos de veto tecnológico?
El problema sería cómo establecer que alguien entre los 16 y los 18 años está mentalmente preparado o no para poder acceder a materiales digitales críticos, y más aún establecerlo de manera sistemática en todo ese segmento poblacional. A los profesionales de la Psicología se les acumularía el trabajo, sin lugar a dudas.

Prof. Joan Boada-Grau
Fuente: Prof. Joan Boada-Grau / URV
Mención aparte merece la fiabilidad de los mecanismos técnicos o informáticos que habría que poner en marcha para vetar la entrada a los menores de 16 años a determinados portales del mundo digital. Boada-Grau cree que hoy en día resulta “difícil poder garantizar esa limitación tecnológica”, razón por la cual habría que recurrir -insiste- a “la educación familiar”, por ser esta la mejor herramienta de control en este tipo de contextos.
“En las redes sociales no puede salir nadie defendiendo el tabaquismo”
Se dice, asimismo, que las redes sociales y el entorno virtual pueden sacar lo peor de cada uno. De ahí que, esta vez en el caso de los mayores de edad, el catedrático de Psicología Social se muestre partidario de vedar ciertos mensajes o contenidos “inadecuados”, sobre todo aquellos que se apartan de los criterios científicos más elementales: “deberían ser delimitadas aquellas afirmaciones que hay en las redes sociales que contradicen, digamos, investigaciones científicas o un corpus científico correcto, porque la ciencia sirve para algo… la ciencia tiene que servir para aportar luz a los problemas sociales o a los problemas a los que se enfrenta la humanidad”.
“El gran hándicap, al menos para mí -prosigue-, de las redes sociales no es que las personas puedan utilizarlas, sino los contenidos que hay en ellas. ¿Que quién decide lo que es correcto e incorrecto? Pues los criterios científicos. Pongo un ejemplo muy claro: actualmente todos sabemos ya los perjuicios que para la salud personal y para la salud pública tiene el tabaquismo. Por tanto, en las redes sociales no puede salir nadie defendiendo el tabaquismo. ¿Por qué? Pues porque, de hacerlo, estaríamos poniendo en jaque criterios científicos absolutamente contrastados”.




