Redacción Farmacosalud.com
Bajo la organización de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), se ha celebrado en Santander la Reunión Nacional de Conclusiones sobre el último Congreso de la Asociación Americana de Hematología (ASH). Del encuentro SEHH se desprende que la anticoagulación en monoterapia es preferible al tratamiento combinado con antiagregantes, ya que la doble terapia se asocia a un mayor riesgo de complicaciones. Esta conclusión se basa en datos procedentes de ensayos clínicos en pacientes con antecedente de cardiopatía isquémica crónica (entendiendo por crónica, que hubieran transcurrido al menos 6 meses desde el último procedimiento de revascularización coronaria), “por la que seguían tratamiento antiagregante, y en quienes concurría una circunstancia con indicación de anticoagulación terapéutica (por ejemplo, una fibrilación auricular o un episodio de trombosis venosa)”, detalla el Dr. Ramón Lecumberri Villamediana, hematólogo de la Clínica Universidad de Navarra (Pamplona).
“Se ha demostrado que, en este escenario, el tratamiento solo con anticoagulantes es superior a la terapia combinada con antiagregación + anticoagulación, no sólo en términos de menor riesgo de complicaciones hemorrágicas, sino también por una menor tasa de complicaciones trombóticas, muerte por causa cardiovascular e, incluso, menor mortalidad por cualquier causa”, agrega Lecumberri, quien fue ponente de la reunión post-ASH en la Mesa sobre Hemostasia y Trombosis.

Dr. Ramón Lecumberri Villamediana
Fuente: SEHH
“No es prudente generalizar estos resultados a otros escenarios, como pacientes con antecedentes de ictus isquémicos o arteriopatía periférica, pero son datos que suponen una importante llamada de atención de cara a evaluar bien los riesgos/beneficios de la terapia combinada. No obstante, también se han presentado datos de vida real procedentes de grandes registros, en los que, en pacientes con síndrome antifosfolípido con trombosis arterial, la anticoagulación con antagonistas de la vitamina K (AVK) es mejor que la combinación de AVK + antiagregación”, establece el experto.
Posibles dianas terapéuticas “atractivas” en adenocarcinoma de páncreas o glioblastoma
En cuanto a las novedades de la investigación sobre trombosis asociada al cáncer, cabe decir que, dentro de lo que son los aspectos fisiopatológicos, destaca la importancia que tiene el sistema fibrinolítico* en los procesos de progresión/diseminación tumoral. “Moléculas como el activador del plasminógeno tipo urokinasa (U-PA) y su receptor (U-PAR) podrían constituir atractivas dianas terapéuticas en tumores como el adenocarcinoma de páncreas o el glioblastoma”, sostiene el Dr. Lecumberri.
*Nota del redactor: el sistema fibrinolítico es el mecanismo enzimático encargado de eliminar el coágulo de fibrina. La fibrina es una proteína que proporciona un carácter semisólido al coágulo sanguíneo
En la reunión de la SEHH se ha hablado, asimismo, de la trombastenia de Glanzmann, una enfermedad rara que presenta una frecuencia aproximada de un caso por cada millón de habitantes. Es un trastorno hereditario que está causado por mutaciones en los genes ITGA2B e ITGB3, responsables de la producción de la integrina αIIbβ3. Esta integrina es esencial para que las plaquetas puedan agregarse y formar el tapón plaquetario, un paso fundamental en la formación del coágulo.
“Cuando esta proteína no se expresa adecuadamente o funciona de forma deficiente, las plaquetas no pueden agregarse y, como consecuencia de ello, los pacientes presentan tendencia al sangrado”, explica el Dr. José Mª Bastida Bermejo, hematólogo del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca y del Instituto de Investigación Biomédica de dicha ciudad. “El sangrado en nuestros pacientes afecta principalmente a piel y mucosas. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran los sangrados nasales, las hemorragias gastrointestinales y las metrorragias. Aunque, habitualmente, los episodios hemorrágicos son leves o moderados, en ocasiones pueden ser graves, aparecer de forma espontánea o incluso poner en riesgo la vida, especialmente en situaciones como una cirugía o un parto”, apunta Bastida.

Dr. José Mª Bastida Bermejo
Fuente: SEHH
Estos sangrados recurrentes y espontáneos pueden llevar a una anemia crónica que obligue al uso continuado de tratamientos con hierro, o incluso a recibir transfusiones sanguíneas periódicas. Para controlar los episodios hemorrágicos agudos, se utilizan transfusiones de plaquetas o factor VIIa recombinante activado, que sigue siendo el único fármaco aprobado hasta la fecha para tratar el sangrado en esta enfermedad.
Anticuerpos bi-específicos y rebalanceadores de la hemostasia
“Sin embargo, a día de hoy no disponemos de ningún tratamiento aprobado que prevenga los sangrados, es decir, nuestros pacientes carecen de terapias profilácticas que permitan evitar la aparición de nuevos episodios hemorrágicos. Esta ausencia de opciones preventivas sigue siendo una de las principales necesidades no cubiertas y es por ello que se están investigando nuevas terapias en forma de anticuerpos bi-específicos, como el sutacimig, o agentes rebalanceadores de la hemostasia, como los anti-TFPI”, comenta el Dr. Bastida, a su vez vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH) y ponente de la reunión post-ASH en la Mesa sobre Hemostasia y Trombosis.
En concreto, sutacimig es un anticuerpo biespecífico diseñado para unirse simultáneamente a dos dianas implicadas en la hemostasia. Por un lado, se une al factor VII activado (FVIIa), un elemento clave de la coagulación que posibilita generar trombina y, con ello, favorecer la formación del coágulo. Por otro lado, se fija a un receptor o proteína específica presente en las plaquetas activadas, lo que le permite dirigirse de forma selectiva al lugar del sangrado. “Gracias a este doble mecanismo, es capaz de aumentar la vida media del FVIIa endógeno y potenciar la formación del coágulo utilizando las plaquetas que se encuentran activas en la zona de la lesión”, especifica.
En el último Congreso Americano de Hematología (ASH 2025) se presentaron los resultados iniciales de un ensayo clínico fase II con sutacimig. En él participaron 34 personas con trombastenia de Glanzmann y clínica hemorrágica grave, espontánea y recurrente. Los pacientes fueron aleatorizados a distintas dosis del fármaco, administradas semanalmente o cada dos semanas, con la ventaja adicional de que el tratamiento es subcutáneo, lo que facilita su uso. Como es habitual en un ensayo clínico fase II, los principales objetivos eran evaluar la seguridad, la tolerabilidad y la farmacodinamia del medicamento. En este estudio no se observaron efectos adversos graves, siendo la mayoría de los eventos secundarios leves, principalmente cefalea y un aumento transitorio del dímero D.

Dra. Lucrecia Yáñez Sansegundo
Fuente: SEHH
“No obstante, un paciente con importantes factores de riesgo cardiovascular y trombótico desarrolló una trombosis venosa en la rama de mayor dosis, motivo por el cual se suspendió su tratamiento. Aun así, los datos apuntan a que la dosis más estable y, a la vez, eficaz, aunque de forma preliminar, es 0,3 mg/kg/semana, ya que consiguió reducir de manera muy significativa todos los tipos de sangrado, incluyendo aquellos de difícil manejo. En conjunto, estos resultados, aunque todavía preliminares, son muy esperanzadores, por lo que estamos a la espera del ensayo fase III, que posibilitará valorar con solidez la eficacia real del fármaco”, establece el Dr. Bastida.
El avance imparable de la medicina personalizada
Por otro lado, en el encuentro de la SEHH se constató que es necesario avanzar hacia estrategias de tratamiento más individualizadas. Durante muchos años la medicina ha tratado a diferentes enfermos con una misma afección de una manera similar, pero “a día de hoy sabemos que algunas terapias pueden causar efectos secundarios según otras condiciones del paciente, mientras que en otros casos la terapia puede ser insuficiente para frenar la enfermedad. Las conclusiones del reciente congreso americano nos indican que, finalmente, estamos entrado en la era del tratamiento a medida, en el que las decisiones terapéuticas se van perfilando siguiendo la biología de cada individuo y su patología”, subraya la Dra. Lucrecia Yáñez Sansegundo, hematóloga del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (Santander) y una de las coordinadoras de la reunión post-ASH.
“Este cambio nace de unos avances genéticos y moleculares que nos están permitiendo tener un conocimiento más profundo de las enfermedades de la sangre. Ahora, los hematólogos podemos empezar a predecir, mediante biomarcadores, qué molécula será más útil para nuestro paciente. Consecuentemente, el tratamiento más utilizado durante décadas, la quimioterapia, con la que eliminábamos las células del tumor, pero también células sanas, está siendo poco a poco desplazada por nuevos fármacos, dirigidos más hacia la célula tumoral y sus alteraciones específicas”, argumenta.
A todo esto, la Dra. Yáñez Sansegundo aprovecha la ocasión para resaltar “el magnífico ambiente generado” en el evento celebrado en Santander. Un éxito que se ha fundamentado en “la gran asistencia de participantes, las excelentes presentaciones de ponentes y el apoyo de la SEHH en la celebración de este tipo de reuniones formativas, totalmente necesarias para estar siempre actualizados en nuestra especialidad”.
Romiplostim en PTI
Por último, cabe decir que un estudio europeo coordinado desde el Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla) ha demostrado que añadir un principio activo, romiplostim, al tratamiento estándar de la trombocitopenia inmune primaria (PTI) duplica la proporción de pacientes que pueden aumentar los periodos en los que no precisan medicarse, evitando con ello la cronicidad de la enfermedad. La PTI es una patología autoinmune que provoca un descenso significativo de las plaquetas y aumenta el riesgo de hemorragias.
El ensayo clínico, denominado RODEX (Romiplostim Plus Dexamethasone versus Dexamethasone as first line treatment), supone un hito en la investigación hematológica al tratarse del primer estudio aleatorizado y prospectivo que compara esta combinación terapéutica como primera línea de tratamiento en enfermos de nuevo diagnóstico.




