Redacción Farmacosalud.com
El Ministerio de Sanidad español ha publicado el informe sobre la ‘Utilización de fármacos crónicos en personas polimedicadas de 65 y más años’, según el cual la polimedicación alcanza a casi el 45% de la población de entre 85 y 94 años de edad. “Es importante destacar que la polimedicación no tiene necesariamente que ser inadecuada, ya que hay muchas ocasiones en las que los fármacos siguen unas indicaciones correctas y una monitorización eficiente”, señala el Dr. Nicolás Martínez Velilla, vocal Clínico de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Universitario de Navarra, director del Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (IdiSNA) e investigador del centro Navarrabiomed.
El consumo simultáneo de varios medicamentos durante un periodo de tiempo es una práctica que, en muchas ocasiones, se da cuando múltiples especialidades prescriben fármacos en una población con multimorbilidad “sin tener en cuenta al paciente de forma global y sin hacer un cronograma sobre la indicación de mantener indefinidamente un fármaco”, aduce el facultativo.

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“La polimedicación puede ser beneficiosa y contribuir a la prolongación de la vida”
Por otra parte, la población de edades avanzadas suele ser más frágil a los efectos secundarios de los medicamentos, de tal modo que algunos de los cambios que aparecen con el envejecimiento “incrementan esa vulnerabilidad. Por lo tanto, independientemente del porcentaje de polimedicados que tengamos, lo importante es que esos fármacos estén correctamente indicados, aunque siempre que sea posible deberíamos intentar reducir la carga de polifarmacia”, sostiene Martínez Velilla.
A juicio del vocal de la SEGG, hay margen para reducir la polimedicación en el colectivo de personas de entre 85 y 94 años de edad, si bien es una medida que debe llevarse a cabo “de manera individualizada. Es esencial que los médicos evalúen la necesidad de cada medicamento en función de la salud general del paciente y de sus condiciones específicas. En algunos casos, la polimedicación puede ser beneficiosa y contribuir a la prolongación de la vida, pero también puede llevar a un aumento del riesgo de efectos adversos”.
“Por lo tanto -asevera el Dr. Martínez Velilla-, es crucial implementar un enfoque multidisciplinario que implique revisiones regulares de la medicación para optimizar el tratamiento y mejorar la calidad de vida de los ancianos. Debemos ser conscientes también de que muchas de las guías clínicas que utilizamos los clínicos se obtienen en poblaciones más jóvenes y con menos multimorbilidad, pero se extrapolan a las personas mayores dando por hecho que tendrán los mismos efectos, aunque en ocasiones no es así”.
¿Qué requisitos debe reunir un enfermo para que se le considere un sujeto polimedicado?
Se considera persona polimedicada a aquella que mantiene tratamiento crónico con cinco o más principios activos distintos durante un mismo año, entendiendo por medicamento crónico aquel cuya dispensación anual equivale al menos a 180 dosis diarias definidas (DDD), lo que representa una administración sostenida durante seis meses o más.

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El 29,7% de las personas mayores de 65 años en España presentan polimedicación. Este porcentaje aumenta con la edad: del 20,5% en el grupo de 65 a 74 años, al 36,8% entre los 75 y 84 años, y al 44,7% entre los 85 y 94 años. En el grupo de 95 años o más, la prevalencia desciende al 30,8%. Por sexos, las mujeres presentan una mayor prevalencia de polimedicación (30,9%) frente a los hombres (28,3%), una diferencia especialmente acusada en los tramos de edad más avanzada.
Entre los fármacos de uso más frecuente destacan los antiulcerosos (más del 70% en todos los grupos), los antihipertensivos tipo IECA/ARA-II (entre el 55 y el 70% según edad) y los modificadores de lípidos (estatinas), si bien su uso disminuye significativamente a partir de los 95 años.
Insuficiencia cardiaca, cardiopatía isquémica…
En términos de salud pública, el informe de Sanidad subraya que los individuos polimedicados presentan prevalencias mucho mayores de enfermedades crónicas respecto a la población no polimedicada. Por ejemplo, la insuficiencia cardiaca es siete veces más frecuente, la cardiopatía isquémica, casi cinco veces más y la diabetes mellitus, tres veces más.
También se observa una relación directa entre edad y consumo de ciertos medicamentos: los fármacos antidemencia se utilizan hasta 4,5 veces más en los mayores de 95 años que en el grupo de 65 a 74. Lo mismo ocurre con los diuréticos, antianémicos y anticoagulantes. Por el contrario, el uso de AINES (antiinflamatorios no esteroideos), insulinas y estatinas disminuye marcadamente con la edad.
Por último, el nuevo documento constata importantes diferencias según el sexo: las mujeres consumen más medicamentos para salud ósea, tiroides, salud mental y dolor crónico, mientras que entre los hombres predomina el empleo de fármacos urológicos, cardiovasculares y antidiabéticos.

Hospital de Sant Pau
Autor/a: Enric Arandes
Fuente: E. Arandes / www.farmacosalud.com
Estos hallazgos -indica el Ministerio mediante un comunicado- refuerzan la necesidad de avanzar hacia estrategias de utilización racional del medicamento en personas mayores, integrando el enfoque de género y edad. La identificación de patrones de prescripción no justificados por la morbilidad real permite planificar intervenciones más eficaces y centradas en la seguridad del paciente, la prevención de interacciones y la mejora de la calidad de vida en las etapas etarias más avanzadas.
Acreditación GEDA plata por la excelencia en la atención al paciente frágil
Por otro lado, el Hospital Sant Pau de Barcelona ha obtenido la acreditación Plata GEDA (Geriatric Emergency Department Accreditation) otorgada por el American College of Emergency Physicians (ACEP), la John Hatford Foundation y el West Health Institute. De hecho, es el primer y único centro de Europa que actualmente cuenta con esta categoría GEDA.
El reconocimiento internacional pone de relieve la excelencia del Sant Pau y su Servicio de Urgencias en la atención a enfermos con perfil extremadamente delicado, en concreto a través del Programa de Atención Urgente al Paciente Frágil desarrollado desde 2011 con un modelo de atención de alta resolución diseñado específicamente para las personas mayores y sus singularidades en materia de atención urgente. El modelo, interdisciplinario y territorial, tiene altos estándares de calidad.




