
Esteban Mira Caballos
Fuente: Crítica
Esteban Mira Caballos, autor del libro ‘Colón. El converso que cambió el mundo’ (Crítica): Doctor en Historia de América por la Universidad de Sevilla, Esteban Mira Caballos es miembro correspondiente extranjero de la Academia Dominicana de la Historia (2004) y del Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas (2012). Sus libros más recientes son: ‘Francisco Pizarro. una nueva visión de la conquista del Perú’ (Crítica, 2018), ‘Las armadas del Imperio: poder y hegemonía en tiempo de los Austrias’ (2019), ‘Hernán Cortés. Una biografía para el siglo XXI’ (2021) y ‘El descubrimiento de Europa. Indígenas y mestizos en el Viejo Mundo’ (2023).
Redacción Farmacosalud.com
«Cristóbal Colón fue una persona muy compleja que se movió entre dos mundos, el medieval y el moderno. Exhibía a partes iguales una curiosidad científica y un misticismo extremo, aderezados con una desmedida ambición. Recurrió a la ciencia, pero sin renunciar a sus profundas creencias ni, por supuesto, al gran motor de su vida, que siempre fue la fe. Esta perfecta combinación de ciencia y espiritualidad era propia de todos estos aventureros, pues ambas, a partes iguales, explicaban la realidad que les rodeaba. Lo asiste ese espíritu inquieto tan propio de estos italianos del cuatrocientos, movido por un afán individualista de buscar la fama y la gloria, arriesgando su vida. Una actitud renacentista, aunque su concepción religiosa del cosmos es totalmente medieval». Estas líneas forman parte del libro ‘Colón. El converso que cambió el mundo’, cuyo autor es el historiador Esteban Mira Caballos.
Este manual biográfico desvela, por fin, todos los secretos que rodean al descubridor de América, separando la historia de la leyenda, usando las fuentes primarias y teniendo en cuenta los últimos hallazgos genéticos. ¿Dónde nació Colón? ¿Existió un predescubridor de América? ¿Supo Colón que estaba en un nuevo continente? Todos estos y otros muchos interrogantes son abordados y contestados con precisión quirúrgica por Mira Caballos en las páginas de su nueva obra.
«Su nacimiento en Génova es algo incuestionable, aunque también su naturalización castellanoleonesa, la de su familia y la de sus descendientes», escribe Mira Caballos. Así pues, el autor del libro sostiene que Colón nació en una ciudad ubicada en lo que actualmente es Italia… pero es que, de este hombre, se ha dicho también que era portugués, gallego o catalán, entre otros orígenes... “Cristóbal Colón es, desde hace siglos, un icono cultural. Todo el mundo en los más diversos rincones del planeta habla de él y también todo el mundo lo ha pretendido hacer suyo”, remarca Mira Caballos.
Hasta Suiza reivindica a Colón como uno de los suyos
No obstante, en ocasiones se ha intentando minimizar su figura como personaje histórico. “Ya en el siglo XVI, en los Pleitos Colombinos, se trató de restarle méritos para dárselos al navegante palermo Martín Alonso Pinzón. Varios testigos relataron ya entonces que este marinero había estado en la Biblioteca Vaticana y que tenía un mapa de las tierras al oeste. Según esos testimonios, pretendía hacer un viaje similar al de Colón, por lo que cuando éste se lo ofreció se sumó a su empresa. Obviamente, sabemos que Pinzón estuvo en Roma llevando sardinas, pero no parece que estuviera en la Biblioteca Vaticana. Pero en el siglo XIX, con el surgimiento de los nacionalismos, el biógrafo y erudito Francisco Serrato volvió a describir a Colón como un codescubridor a partes iguales con Pinzón”, detalla.
Por lo demás, países como Francia, Portugal, Grecia “y otros más sorprendentes como ¡Suiza!” -exclama el historiador- o Noruega han defendido ser la patria del descubridor. Y dentro de España, la tesis gallega, la catalana y la mallorquina han tenido mucho predicamento y siguen teniendo acuciosos defensores incluso en pleno siglo XXI. También los ibicencos, los extremeños y los castellano-leoneses han sostenido, con menos convicción, ser la cuna de tan insigne navegante. “Algunas de esas teorías son apasionantes; a mí en particular me apasiona la tesis extremeña, con ese gran erudito, el cura de Oliva de la Frontera, don Adrián Sánchez Serrano, defendiendo hasta su muerte su origen extremeño”, apunta Mira Caballos.

Fuente: Crítica
“Todo eso -prosigue- forma parte de la prestancia del personaje, aunque desde el punto de vista histórico, no hay ninguna duda de su nacimiento en la ciudad del Tirreno. También son muy interesantes la tesis gallega, es decir, que era hijo de Pedro Madruga; la mallorquina, hijo del príncipe de Viana, o la castellana, hijo de la duquesa de Arjona. Como digo, todo eso está muy bien, pues es una literatura apasionante; siempre disfruto mucho leyéndola. Pero la verdad histórica es que tenemos decenas de pruebas objetivas que señalan el nacimiento de Colón en Génova”.
“Era cristiano a la vista de todos, pero escondía un pensamiento más compatible con su mentalidad judaica”
El subtítulo de la obra de Mira Caballos reza ‘el converso que cambió el mundo’… Se entiende, pues, que Colón tenía raíces judías, si bien practicaba ritos propios del cristianismo. “Hay que empezar diciendo que Colón era un cristiano practicante y, como decía el padre Las Casas, ‘de mucha devoción’. Él siempre se presentó como un cristiano, algo que no podía ser de otra forma en la corte de los Reyes Católicos. Además, en más de una ocasión se mostró bastante intolerante con los conversos, una actitud típica precisamente de los que tenían ese pasado. Por tanto, era cristiano a la vista de todos, pero escondía un pensamiento más compatible con su mentalidad judaica que con los postulados de la religión de la cruz. Su familia materna, los Fontanarossa, era conversa y en la intimidad de sus hogares mantuvieron algunas de sus creencias y ritos. Ello explica que Colón estuviese obsesionado por recuperar los Santos Lugares o por reconstruir el Templo de Jerusalén”, explica el autor del nuevo libro.
En ‘Colón’ se lee: «Dentro del relato del predescubrimiento hay dos variantes: una que esgrime que fue el propio Colón quien había realizado avistamientos previos al otro lado del charco, de ahí que tuviese la certeza de su existencia. Y dos, que fue un navegante moribundo el que le traspasó sus diarios y su cartografía, siendo esta la versión más extendida. Según esta hipótesis, un marino que en algún momento entre 1477 y 1484 realizaba un comercio triangular entre las islas Madeiras, las Canarias y Huelva, quedó a la deriva y llegó a La Española*. Tras muchas penalidades, cinco supervivientes consiguieron llegar a la morada de Colón, entre ellos el piloto, quien, antes de morir, le traspasó sus datos, permitiendo así que este le usurpase todos sus méritos».
*La Española: isla caribeña que en la actualidad acoge a dos Estados soberanos, Haití y la República Dominicana
La Atlántida, el jardín de las Hespéridas…
“Durante muchos años fui defensor de la tesis del predescubridor. Hubo grandes maestros americanistas, como Juan Manzano o Juan Pérez de Tudela -a los que siempre he admirado- que estuvieron convencidos de ello y que escribieron obras muy documentadas. Finalmente, tras estudiar a fondo el pensamiento de Colón, he llegado a la conclusión de que nunca necesitó de una revelación para proyectar su viaje a Asia por Occidente”, sostiene Mira Caballos.
De hecho, desde tiempos inmemoriales han estado circulando leyendas de todo tipo sobre la existencia de tierras al oeste. Platón habló de la Atlántida, un continente que quedó sumergido pero del que se sospechaba que habían quedado muchas islas emergidas. Plinio, por su parte, habló de tierras al oeste llamadas el jardín de las Hespéridas, y Plutarco aludió al Reino de Merope. Además, había personas muy prestigiosas como el geógrafo Paolo Toscanelli que reducían la distancia entre Europa y Asia y que veían posible llegar a Asia por Occidente. Según Mira Caballos, “Colón se hico eco de todas estas teorías y desarrolló su plan -plagado de errores de cálculo- para situar a Asia muy cerca de Europa. Su plan no era original, debía mucho a Toscanelli, tanto, que después el hijo de Colón, Hernando, culpó a Toscanelli de ser el responsable de los datos errados de su padre”.
Llegando a la costa de Terranova buscando bacalaos
Colón encabezó el denominado Descubrimiento de América en 1492 (siglo XV). «Su gran mérito no fue viajar por primera vez hasta América, algo que está claro que ya habían hecho otros, incluso desde la antigüedad, sino su empeño en romper las cadenas del océano y encontrar no solo la ruta de ida, sino también la de regreso […]. Él fue el primero que regresó del otro lado del Atlántico para revelar a Europa la existencia de un nuevo mundo».
“Había habido arribadas previas de todo tipo al continente americano. El vikingo Eric el Rojo había estado allí muchos siglos atrás, pero en el propio siglo XV, concretamente en 1420, los vikingos desembarcaron en la costa noruega a varios indígenas inuit de Norteamérica con sus kayaks, que llamaron mucho la atención. Está claro que habían llegado a las costas americanas embarcaciones, accidentalmente o de forma intencionada, desde Asia, África, Europa y Oceanía. Incluso hubo pescadores gallegos que alcanzaron la costa de Terranova buscando bacalaos, igual que otros de las costas de Francia. Pero ellos no realizaron ningún descubrimiento porque no tuvieron conciencia de que estaban en otro continente nuevo”, relata el historiador.

Los cuatro viajes de Cristóbal Colón entre 1492 y 1504
Fuente: Rezza Editores - Enciclopedia Amphora, Rezza Editores
Difusión: Wikipedia
“Descubrir implica hallar algo y comunicarlo al mundo; cuando Colón regresó en 1493, su hallazgo deslumbró a toda Europa, de tal modo que, en pocos años, los europeos tomaron conciencia de la magnitud de lo descubierto. Y este descubrimiento entre europeos y americanos fue mutuo y bidireccional; por un lado, los americanos tomaron conciencia de las dimensiones de su continente y, por otro, desde abril de 1493, comenzó un trasiego continuo de americanos que visitaron el Viejo Mundo, unos de manera voluntaria y otros forzada. Un flujo bidireccional que empezó en la época del descubrimiento y que llega hasta nuestros días”, indica.
“Colón tenía muchos altibajos en su estado de ánimo, compatibles con un trastorno bipolar”
Colón fue un gran marino, explorador y aventurero, pero ello no le libró de tener que enfrentarse a las desdichas propias del ser humano, entre ellas el padecimiento de enfermedades. De acuerdo con el nuevo libro, el descubridor de América «experimentaba grandes altibajos en su estado de ánimo, dado que pasaba fácilmente de la más ferviente y orgullosa pasión al decaimiento más inhabilitante». ¿Así pues, sufría Colón un trastorno bipolar, condición en la que la persona afectada alterna su estado de ánimo entre la manía o hipomanía -fase de alegría, exaltación, euforia y grandiosidad- y la depresión, acompañada de tristeza, inhibición e ideas de muerte?
“Colón tenía muchos altibajos en su estado de ánimo, compatibles con un trastorno bipolar -contesta Mira Caballos-. Es verdad que su momento de máximo reconocimiento se produjo en abril de 1493 tras el regreso triunfal de su primera travesía. Fue colmando de honores y de reconocimientos. El avaro y orgulloso comerciante genovés se había convertido de la noche a la mañana en una de las personas más admiradas de su tiempo. Pero, pasada la resaca del éxito inicial, empezaron los reveses de los colonos, de los indígenas y de la propia Corona, que no le podía mantener los privilegios otorgados en Santa Fe. Tenía motivos para estar decepcionado y nunca más recuperó la alegría”, asegura el escritor.

'Primer desembarco de Cristóbal Colón en América', en 1492. (Exposición Nacional, Medalla de Primera clase) por Dióscoro Puebla
Fuente: Dióscoro Puebla - Colección, Museo del Prado
Difusión: Wikipedia
“Además, desde entonces siempre tuvo una salud muy precaria, pues padeció artritis, diabetes y ceguera que en ocasiones se tornaba en inhabilitante. Pero ante todos estos infortunios se refugió en Dios, y progresivamente dejó de ser un comerciante genovés para convertirse en un profeta. Se llegó a convencer sinceramente de que era un elegido por la providencia para llevar la fe al otro lado del charco. Y como dice el refrán, ‘la fe mueve montañas’; fue precisamente su profunda fe -cristiana o judaica, eso da igual-, la que le sostuvo en momentos en los que cualquier otra persona hubiese zozobrado”, añade.
¿Demonizar a Colón por el hallazgo del ‘Nuevo Mundo’?
Mucho se ha debatido acerca de las consecuencias del descubrimiento de América realizado por Colón. Es decir, si el mundo en general se enriqueció, ya fuera cultural o económicamente, o bien si, desde un punto de vista geopolítico, los indígenas americanos se empobrecieron en beneficio de las potencias europeas que fomentaban los viajes al ‘Nuevo Mundo’.
En opinión de Mira Caballos, “los historiadores no nos podemos convertir en jueces, simplemente explicamos la historia para hacerla comprensible a los lectores. Es obvio que desde el 12 de octubre de 1492** nada fue igual en este mundo, pues dio comienzo un proceso progresivo de globalización que lleva hasta nuestros días. Los hechos históricos son los que son, y estaba claro que, antes o después, unos iban a descubrir a los otros, cambiando el secular aislamiento”.
“¿Hubo víctimas? Pues como siempre que hay un cambio radical en la historia, hubo miles de personas que se quedaron en el camino. La historia no deja de ser un largo camino sembrado de cadáveres. Pero, ¿podemos demonizar a Colón por ello? Pues no, simplemente fue un marino extraordinario que, con una gran capacidad de observación y con altas dosis de ambición y de idealismo, se empeñó en romper fronteras, y lo consiguió. Los océanos progresivamente dejaron de ser barreras infranqueables y se convirtieron en vías de comunicación”, afirma.
**12 de octubre de 1492: fecha del descubrimiento de América a cargo de la expedición comandada por Cristóbal Colón




