Redacción Farmacosalud.com
El Servicio de fisioterapia de Vithas Xanit Internacional (Benalmádena, en Málaga) está registrando un aumento en el número de pacientes que acuden a sus instalaciones con secuelas provocadas por el COVID-19. La responsable del área, Elena Molina, explica que desde que apareció la pandemia se ha incrementado la cifra de personas que sufren disnea y problemas de movilidad, al tiempo que se ha producido “una avalancha de estudios a nivel científico para ofrecer el tratamiento más adecuado en función de los síntomas”. La disnea es un síntoma que se caracteriza por la falta de aire y la fatiga en los pequeños esfuerzos y tareas cotidianas. Estos problemas se pueden dar de forma temprana y convertirse en una secuela a largo plazo por la presencia de afectación multisistémica respiratoria, vascular, cardíaca, neurológica y muscular, lo que incrementa el uso de equipos de oxigenoterapia para contrarrestar los efectos que las secuelas tienen en la vida diaria del sujeto afectado. Las técnicas para el automanejo de la disnea es uno de los recursos utilizados para tratar a estos pacientes.

Visualización de unos pulmones durante la crisis del coronavirus
Fuente: Francisco Avia / Hospital Clínic de Barcelona (IMAGEN DE ARCHIVO)
Así, de acuerdo con Molina y Antonio Bellido, fisioterapeuta de Vithas Xanit Internacional, la fisioterapia respiratoria contempla una serie de técnicas y tratamientos diferentes en base al objetivo a alcanzar, como pueden ser:
• reeducación diafragmática: técnicas destinadas a devolver funcionalidad al principal músculo encargado de la respiración
• drenaje de secreciones: procedimiento dirigido a expulsar aquellas secreciones residuales que puedan impedir la circulación libre de aire dentro del pulmón y además puedan sobreinfectarse y crear aún más problemas de salud
• técnicas para el automanejo de la disnea: para dotar al paciente de diferentes técnicas y maniobras a realizar cuando se tenga sensación de falta de aire.
• reeducación del patrón ventilatorio: corregir patrones ventilatorios ineficaces
• flexibilización de todas las estructuras de la caja torácica: actuar sobre las articulaciones y la musculatura que integra el tórax para mejorar su movilidad y aumentar el volumen de ésta, e incrementar así la cantidad de aire que entra en los pulmones
“Establecemos los objetivos a corto y medio plazo priorizando que el paciente pueda recuperar su autonomía personal y su actividad diaria normal, y proponemos ejercicios de mantenimiento para el mantenimiento de los efectos conseguidos en la sesión de tratamiento”, explican ambos expertos.
Una fisioterapia especializada en varias áreas
“La fisioterapia en COVID-19 es una fisioterapia especializada en varias áreas dependiendo de los síntomas persistentes y las secuelas que la enfermedad haya dejado. En una primera visita nos centramos en la valoración y el diagnóstico fisioterápico, enfocado a identificar el grado de funcionalidad del paciente. Iniciamos el proceso con una anamnesis detallada para conocer el estado de salud previo y los hábitos de esta persona antes de padecer la enfermedad. El paciente suele aportar las pruebas médicas que se hayan solicitado y los informes de los correspondientes especialistas que haya visitado para que podamos tener una visión completa de su situación actual. Con esta información, conocemos el grado de afectación que ha supuesto el COVID para su vida y las expectativas que el paciente tiene en su recuperación”, detallan Molina y Bellido.

Antonio Bellido atendiendo a un paciente
Fuente: Vithas
Tras este tiempo de entrevista, se pasa a valorar el grado de disnea mediante escalas validadas y adaptadas como la escala MRC de disnea o escala de Borg, y se lleva a cabo una valoración postural y una exploración física muscular selectiva de la respiración, de la pared abdominal y la columna. Asimismo, se evalúan los reflejos musculoesqueléticos, la sensibilidad y otros signos neurológicos, y se realiza un estudio del dolor, que incluye también cuestionarios específicos para poder objetivar este signo tan diferente en las vivencias de cada paciente.
Atrofia, rigidez, úlceras…
A la disnea se suma también la afectación muscular generalizada debido a la inmovilización del tiempo de hospitalización, lo que puede provocar no solamente atrofia y debilidad a todos los niveles, sino también rigidez y anquilosis articular. Además, la falta de movilidad ralentiza la capacidad de retorno del sistema, dejando edema distal en las extremidades, especialmente en pies y manos.
Otra consecuencia también importante -por la dificultad de su curación- es la aparición de úlceras por decúbitos en zonas corporales donde el peso recae con mayor presión. Este tipo de lesiones también se generan a nivel facial, en los relieves más prominentes del rostro, como pómulos, pabellón auricular, cejas y contornos oculares, debido a la posición de decúbito prono para preservar la ventilación pulmonar con los respiradores.
“Con la fisioterapia evaluamos las posibles alteraciones del patrón ventilatorio y de las regiones pulmonares con disminución de la ventilación mediante instrumental especializado. De esta forma, se exploran las alteraciones del movimiento, la postura y la procedencia del dolor muscular y articular que se producen debido al tiempo que el paciente ha tenido que estar en cama”, argumenta Molina a través de un comunicado. Según Bellido, las úlceras dejan cicatrices visibles y, en general, una huella de ansiedad, depresión y desesperanza en los pacientes por las alteraciones neurológicas y sensitivas, en algunos casos graves, que se padecen mientras se recorre el largo camino hacia la recuperación. “Tras superarse la enfermedad, pueden persistir signos neurológicos diferentes como dolor de cabeza, dificultad de concentración, alteraciones del estado de conciencia, mareos e inestabilidad”, especifica el fisioterapeuta.

Autor/a: PublicDomainPictures
Fuente: Pixabay (free photo)
Alteraciones olfativas, auditivas, gustativas y visuales
Los profesionales de este Servicio también han observado que otras de las secuelas que padecen los afectados de COVID-19 Persistente están relacionadas con la hiposmia y anosmia, es decir, la pérdida parcial o total de la capacidad olfativa, además de alteraciones auditivas, gustativas y visuales. De igual modo, pueden aparecer cambios en la termorregulación y percepción de los receptores de temperatura corporal, dolor muscular residual y cuadros neuropáticos graves, lo que obliga a realizar una reeducación a nivel neurológico para recuperar información de importancia vital para el funcionamiento corporal.
Molina y Bellido no han encontrado estudios de prevalencia que aporten evidencia por sexos sobre el padecimiento de COVID-19 Persistente y su asociación con la necesidad de someterse a fisioterapia. Con todo -afirman-, en la práctica clínica “las mujeres tienden a cuidarse más que los hombres y, contrastando con otras publicaciones, coincidimos en que” esa asociación “es más frecuente en mujeres”. En cuanto a las edades de los sujetos que recurren a este tratamiento antiCOVID Persistente, hay que decir que el rango etario “puede ser bastante amplio y, aunque las personas jóvenes tienen más tendencia a conseguir una recuperación espontánea, síntomas como la fatiga crónica y la disnea leve puede mermar su calidad de vida, haciendo más difícil la asunción de las tareas cotidianas y el afrontamiento de las situaciones de estrés. En los casos más leves estos cambios pueden ser perceptibles… nuestra labor puede aliviar esta sintomatología y prevenir, a la larga, complicaciones mayores”, refieren Molina y Bellido.
“Con la pandemia, los fisioterapeutas hemos tenido que revisarnos”
Recientemente se ha presentado una guía sobre COVID-19 Persistente en la que se incluye a la fisioterapia como una de las opciones terapéuticas validadas. De hecho, según comentan ambos especialistas, “los fisioterapeutas somos profesionales con un alto compromiso con la formación postgrado especializada. La pandemia ha puesto a todo nuestro colectivo en un proceso de revisión, o, dicho de otra manera, hemos tenido que revisarnos en las diferentes áreas de la fisioterapia y adaptar las técnicas específicas de ésta a las necesidades del paciente con COVID-19. En la última década ha cobrado una gran relevancia la ecografía musculoesquelética y la electromiografía de superficie para detectar las disfunciones y hacer consciente al paciente de cómo corregirlas; de este modo podemos diseñar un programa personalizado de tratamiento y ejercicios para cada paciente. En la disnea, poder ver el movimiento del diafragma con la ecografía es de gran ayuda para normalizar su tono y su función en la respiración”.
En definitiva, que la pandemia de SARS-CoV-2 ha supuesto para los ‘fisios’ tener que reciclarse y apostar por la tecnología con el fin de acercar el tratamiento a los pacientes también en materia de telefisioterapia (cuando por las limitaciones de movilidad el usuario no ha podido acudir presencialmente a los centros de rehabilitación). “Después de un año en el que hemos conseguido recuperar nuestro ritmo habitual de trabajo previo al periodo de confinamiento, nos encontramos en un proceso de remodelación y dotación de medios para ofrecer todos los avances surgidos desde que la COVID-19 irrumpiera en nuestras vidas, y creo que ello beneficiará nuestra calidad asistencial en otras patologías”, manifiestan Molina y Bellido.

Elena Molina atendiendo a un paciente
Fuente: Vithas
“De esta crisis (coronavirus), podemos afirmar que sí hemos salido reforzados”
A juicio de ambos, la crisis derivada de la pandemia de COVID-19 podría comportar que, de una vez por todas, los fisioterapeutas sean reconocidos por toda su amplia gama de habilidades competenciales y dejen de ser vistos como profesionales que abordan únicamente aspectos musculares o traumatológicos: “Nuestro papel tiene que ver con muchos procesos fisiológicos: somos los profesionales del movimiento y en nuestro organismo el movimiento está presente en todos los sistemas. Es cierto que se nos asocia al sistema muscular y articular en relación a la traumatología, pero cada vez nuestro trabajo está más cerca de especialistas como los neumólogos, neurólogos, cardiólogos, urólogos, ginecólogos, cirujanos digestivos, oncólogos… entendiendo que la recuperación de las funciones corporales es competencia directa del fisioterapeuta, quien a través de la aplicación de agentes físicos tiene la capacidad de curar, prevenir o adaptar a las personas que padecen enfermedades y lesiones físicas, o que desean mantener un nivel adecuado de salud”.
“Posicionar la fisioterapia como profesión ha sido una tarea de difusión de años desde organismos como los colegios profesionales, asociaciones, universidades y ahora, con más agilidad, a través de las redes sociales, todo ello para mostrar nuestro día a día con los pacientes. De esta crisis, en este sentido, podemos afirmar que sí hemos salido reforzados”, agregan.