Redacción Farmacosalud.com
“Detrás de cada síntoma hay un intento del cuerpo de adaptarse a una situación que está desbordando su capacidad de regulación. El síntoma no es el enemigo, es la señal que nos indica dónde mirar”, asegura la Dra. Olga García Gómez, autora del libro ‘Cuando tu cuerpo te habla’ (HarperCollins). La Dra. García Gómez, que es especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y también ejerce la medicina integrativa, explica que “no se trata de interpretar el cuerpo de forma mágica, sino de escucharlo desde la biología: entender qué sistema está sobrecargado, a cuál le falta energía y qué función está priorizando el organismo para sobrevivir”.
-¿Por qué a veces nos duele ligeramente alguna parte del cuerpo durante semanas o meses y después desaparece sin haber ido al médico?
Porque el cuerpo tiene una enorme capacidad de adaptación y autorregulación. Muchas de esas molestias leves -un dolor cervical, una sobrecarga muscular, un trastorno digestivo pasajero- son señales de aviso, lo que en el libro llamo banderas amarillas. Indican que algo está forzando el equilibrio: estrés mantenido, falta de descanso, o sobrecarga emocional o física.

Fuente: HarperCollins
Si la persona cambia algo -aunque sea de forma inconsciente-, como descansar más, reducir una fuente de estrés o simplemente parar, el cuerpo puede reorganizarse y compensar, y el síntoma desaparece. El síntoma es la manera que tiene tu cuerpo de avisarte… el problema surge cuando esas señales se ignoran de forma repetida. Entonces tu organismo sigue teniendo dolores, cansancio o molestias digestivas, hasta que esos síntomas acaban en una enfermedad.
-¿El cuerpo siempre está tratando de decirnos algo?
El cuerpo siempre está informando, pero no siempre el mensaje es simbólico ni misterioso. Desde la fisiología sabemos que todo síntoma es una respuesta adaptativa: inflamación, dolor, fatiga o fiebre no son errores, sino intentos del organismo de protegerse y recuperar el equilibrio.
En el libro explico que no se trata de interpretar el cuerpo de forma mágica, sino de escucharlo desde la biología: entender qué sistema está sobrecargado, a cuál le falta energía y qué función está priorizando el organismo para sobrevivir. Y con energía me refiero a la energía bioquímica, a la moneda energética del cuerpo, el ATP. El cuerpo no se equivoca. Se adapta con los recursos que tiene.
-El organismo tiene gran capacidad de autorreparación… ¿en qué momento este recurso autorreparador no da más de sí y, entonces, hay que recurrir a la medicina?
La autorregulación funciona muy bien en procesos agudos y leves. Pero cuando el desequilibrio es intenso, prolongado o compromete órganos vitales, la medicina es imprescindible. En el manual insisto mucho en que la medicina integrativa no sustituye a la medicina convencional, la complementa. Cuando hay una infección grave, una enfermedad autoinmune activa, un cáncer o una patología estructural, necesitamos fármacos, pruebas diagnósticas y tratamientos médicos. La clave está en no elegir entre una u otra... la medicina integrativa consiste en integrar, es decir, usar todas aquellas herramientas que pueden ayudar a un paciente a mejorar su salud, prevenir la enfermedad y darle calidad de vida con evidencia científica.
-Su libro enseña a descifrar mensajes ocultos detrás de los síntomas. ¿Puede ponernos un ejemplo?
Un ejemplo muy claro y muy frecuente en consulta es la resistencia a la insulina. Desde mi visión de PNI (psico-neuro-inmuno-endocrinología) y medicina integrativa, esa resistencia no es sólo un problema dietético, sino también una respuesta adaptativa al estrés. Cuando una persona vive un estresor -emocional, laboral, vital o incluso inflamatorio-, el cerebro interpreta que necesita energía inmediata para resolver ese desafío. Para ello activa los ejes del estrés y lanza hormonas con un efecto muy concreto: hacen que la glucosa permanezca circulando en sangre. ¿Y cómo lo consiguen? Induciendo resistencia a la insulina en los tejidos periféricos. De este modo, las células ‘no captan’ la glucosa y ésta queda disponible para el órgano prioritario en una situación de amenaza: el cerebro.
Es decir, la resistencia a la insulina no es un error del organismo, sino una estrategia biológica inteligente pensada para la supervivencia a corto plazo. El problema aparece cuando ese estrés no es puntual, sino crónico. Entonces el mecanismo adaptativo se mantiene en el tiempo y acaba convirtiéndose en patología. Ese es el tipo de ‘mensaje’ que explico en el libro: detrás de cada síntoma hay un intento del cuerpo de adaptarse a una situación que está desbordando su capacidad de regulación. El síntoma no es el enemigo, es la señal que nos indica dónde mirar.

Dra. Olga García Gómez
Fuente: HarperCollins
-¿Qué nos puede ampliar acerca de la conexión entre emociones y salud física?
Hoy sabemos, gracias a la psico-neuro-inmuno-endocrinología (PNI), que las emociones no son algo etéreo: son hormonas, neurotransmisores, inflamación y cambios en la inmunidad y en el metabolismo. El estrés crónico, por ejemplo, activa de forma sostenida el eje del cortisol, inflama el sistema nervioso, altera la microbiota y acaba afectando a órganos diana distintos según el terreno de cada persona. Por eso dos personas ante el mismo estrés enferman de forma diferente.
En consulta no trabajo únicamente el síntoma, sino la película completa, la historia de vida que ha ido llevando al cuerpo a ese punto. Tomar conciencia de esta conexión devuelve al paciente algo muy importante: la capacidad de acción. No hay que culparlo, sino estimular su conocimiento sobre cómo funciona su organismo.
-Por su experiencia: ¿menos fármacos para enfermedades leves y más aprender de uno mismo?
Yo diría: los fármacos son necesarios, pero siempre acompañados de una mejor comprensión de lo que está pasando en el organismo. En afecciones leves o funcionales, a veces medicalizamos lo que en realidad son señales de un estilo de vida desajustado. El medicamento puede aliviar -y a veces debe usarse-, pero si no entendemos qué está pasando, el síntoma vuelve o se desplaza.
Si volvemos al ejemplo de la resistencia a la insulina, cuando entendemos que en muchos casos esa resistencia es una respuesta del cerebro al estrés crónico, vemos claramente que sólo tratar con dieta o fármacos no va a resolver el problema de fondo. Por eso muchos pacientes hacen dieta y toman medicación y, aun así, no mejoran como cabría esperar. Aprender de uno mismo significa entender qué está estresando al organismo, cómo responde el cuerpo a ese estrés y qué cambios -en el descanso, el ritmo de vida, la gestión emocional o la alimentación- pueden ayudar a que el sistema vuelva a ser flexible.
El objetivo no es tomar menos medicación por sistema, sino necesitarla cada vez menos porque el organismo recupera flexibilidad y resiliencia. La medicina integrativa no trata de oponerse a los tratamientos, sino de integrarlos dentro de un abordaje más amplio, aquel en el que el paciente comprende su proceso y participa activamente en él. Ese conocimiento no sustituye a la medicina: la potencia.




