Redacción Farmacosalud.com
Desarrollar un cuadro de ludopatía (adicción patológica a los juegos electrónicos o de azar) es uno de los efectos colaterales de carácter psíquico que pueden llegar a sufrir aquellas personas que viven en territorios en los que se ha declarado un conflicto bélico. Así se pone de manifiesto en el informe 'La Salud Mental de las poblaciones en contexto de conflicto. El impacto invisible', en el que se señala que ‘la exposición a la violencia y las pérdidas derivadas de la guerra incrementan el riesgo de desarrollar TEP (trastorno de estrés postraumático), depresión y otros problemas de salud mental o conductuales relacionados (como aislamiento social, comportamientos autolesivos, trastornos de la conducta alimentaria, juego patológico o compulsiones, y conductas agresivas o violentas)’.

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Es más, los conflictos bélicos no sólo provocan sufrimientos en los territorios que están en guerra, sino que sus efectos trascienden también las fronteras físicas de la violencia y alteran la salud mental de poblaciones enteras a escala global, según reza el nuevo informe, que constituye el sexto y último volumen de la serie ‘Salud Pública y Conflictos Bélicos’ de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS).
Bombardeos, agresiones, desplazamientos forzados…
Las investigaciones recogidas en el dossier indican que las poblaciones directamente afectadas por las guerras padecen tasas de depresión, ansiedad o estrés postraumático que pueden ser dos o tres veces superiores a las de comunidades que no están en conflicto. La exposición a bombardeos, agresiones, desplazamientos forzados, pérdidas abruptas y duelos sin posibilidad de cierre incrementa significativamente el riesgo de desarrollar ansiedad, depresión y TEP, particularmente en colectivos vulnerados, como mujeres, niñas, personas LGTBI+ y pacientes con trastornos mentales preexistentes.
Sin embargo, el impacto en salud mental no se limita a quienes huyen de la violencia o viven bajo bombardeos, sino que también alcanza a diásporas dispersas globalmente, comunidades de acogida, personal humanitario y poblaciones lejanas expuestas a través de medios de comunicación y redes sociales. En un mundo tan interconectado, la guerra se ha convertido en un fenómeno de salud pública global que erosiona el bienestar mental de sociedades enteras.

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“Doomscrolling" e "infodemia"
De acuerdo con el informe, la exposición constante a imágenes y relatos que hablan de episodios de crueldad provoca ansiedad, miedo e impotencia incluso en individuos geográficamente alejados del conflicto. Este fenómeno se ve amplificado por la naturaleza de las plataformas digitales, que utilizan algoritmos sofisticados para priorizar e intensificar el acceso a contenidos emocionales y trágicos. El resultado es el fenómeno del "doomscrolling", o consumo compulsivo de noticias trágicas, combinado con la "infodemia", una sobreabundancia de información, a menudo falsa o inexacta, que provoca confusión, polarización y un estrés sostenido en la población general.
Las campañas coordinadas de desinformación, a través de bots, cuentas falsas y deepfakes*, explotan aún más estas dinámicas, lo que incrementa la ansiedad y el sentimiento de indefensión, especialmente en familias con vínculos directos con zonas de conflicto y en grupos vulnerabilizados por sistemas de desigualdad preexistentes.
Al mismo tiempo, el entorno del personal humanitario y militar también experimenta un impacto psicosocial profundo. Estas familias viven en estrés constante e intenso por la inseguridad que padecen sus seres queridos en primera línea, lo que se manifiesta en cuadros de insomnio, irritabilidad, dificultades de concentración y sentimientos de impotencia. La exposición mediática del conflicto exacerba este conjunto de preocupaciones, generándose así un estado de vigilancia crónica que erosiona la salud mental colectiva.
*deepfakes: materiales audiovisuales que son editados o generados mediante Inteligencia Artificial y que pueden mostrar personas reales o inexistentes
Trauma intergeneracional
Además, el nuevo dossier subraya que las consecuencias psicológicas y sociales pueden transmitirse a las generaciones futuras a través de procesos conocidos como trauma intergeneracional. Diversos estudios recogen que los descendientes de sobrevivientes de conflictos armados pueden mostrar una mayor vulnerabilidad a trastornos psiquiátricos. Los mecanismos de transmisión son complejos y variados: desde alteraciones en los patrones de apego (como relaciones padre-hijo interrumpidas), pasando por patrones de comunicación insanos (silencio, narrativas fragmentadas, secretos familiares), hasta llegar a posibles cambios epigenéticos que implicarían el arraigo biológico de los efectos del trauma en el material genético.
Asimismo, SESPAS advierte sobre el elevado coste de oportunidad que supone destinar recursos al gasto militar en detrimento de programas de salud pública y salud mental. Desde una perspectiva global, el dinero invertido en armamento es dinero que deja de financiar servicios comunitarios, iniciativas preventivas y sistemas de atención psicológica, todos ellos recursos que podrían reducir el sufrimiento general y fortalecer la resiliencia social. Esta reasignación de fondos deteriora silenciosamente la salud mental de poblaciones que, aun sin estar directamente expuestas a la guerra, sufren los efectos indirectos de la falta de inversión en bienestar.

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‘Efecto desplazamiento’
En concreto, el informe habla del concepto "crowding-out": ‘desde una perspectiva de salud global, cada euro, dólar o moneda que se destina a gasto militar o a la respuesta humanitaria inmediata no podrá ser empleado en programas sanitarios y de salud mental, representando así un elevado coste de oportunidad y un lastre para el crecimiento económico. Este intercambio o desplazamiento (también conocido como crowding-out) prioriza financiar otros sectores económicos sobre intervenciones preventivas y comunitarias. El resultado es una doble carga: por un lado, trauma directo en las poblaciones en zonas de conflicto y, por otro, deterioro silencioso de la salud mental en las poblaciones fuera de ellas, comprometiendo su productividad futura’.
El artículo ‘Aumentar el gasto en defensa pone en riesgo la inversión pública en salud’, publicado en la web de la Universidad Castilla-La Mancha (UCLM), ahonda en el nexo existente entre el aumento del gasto militar en época de guerra y el más que probable recorte de inversión pública en salud: ‘los investigadores Masako Ikegami y Zijian Wang analizaron el “efecto desplazamiento” (crowding-out) del gasto público en salud en 116 países, con especial atención en países en desarrollo, debido al incremento en los gastos de defensa. Esta investigación muestra que el gasto militar tiene una relación negativa y significativa con el gasto sanitario público’.
El dossier de SESPAS concluye que enfrentar el impacto de la salud mental en contextos de conflicto debe ser una prioridad ética y política fundamental -y no un tema sobre daños colaterales que evitar-, para poder así construir un escenario de paz y equidad global. El nuevo volumen, en esta ocasión dedicado al ámbito psíquico, se suma a la serie ‘Salud Pública y Conflictos Bélicos’, en la que SESPAS ya ha abordado temas como la escasez de agua, el impacto de la guerra en las personas con enfermedades crónicas, la vulnerabilidad de ciertos colectivos en zonas de conflicto, la salud planetaria y la inseguridad alimentaria y malnutrición.




