Redacción Farmacosalud.com
El Consejo Asesor de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA) ha celebrado un nuevo encuentro online dentro del ciclo ‘El Ágora de las Reflexiones’, dedicado en esta ocasión a un tema de máxima relevancia ética, clínica y organizativa: cómo procurar una buena muerte al paciente hospitalizado, un proceso que, tal como coincidieron los expertos, debe abordarse con profundo respeto, planificación, humanidad y con procedimientos claros para reducir el sufrimiento y garantizar la dignidad de los pacientes. El encuentro contó con la participación de Mariano Guerrero, presidente del Consejo Asesor de SEDISA y catedrático en Gestión y Planificación Sanitaria de la UCAM (Universidad Católica de Murcia); Rafael Pacheco, Prof. de Medicina Legal, especialista en ética y consejero Asesor de SEDISA; Juan José Rodríguez Sendín, expresidente de la Organización Médica Colegial y miembro de su Comisión de Ética y Deontología, y Alejandro Marín Mora, médico costarricense y referente en bioética y bioderecho en América Central y Sudamérica.
“Hablar de cómo procurar una buena muerte al paciente hospitalizado no es sólo un debate clínico o ético, sino también un reto ineludible para las organizaciones sanitarias y para quienes las dirigen. Los directivos de la salud debemos reflexionar sobre qué se hace, qué no se hace y qué debería hacerse para garantizar que el final de la vida en el hospital se produzca con dignidad, respeto a los valores del paciente y el mayor bienestar posible”, sostiene Guerrero. En esta línea -reflexiona-, apoyándose en su experiencia clínica y gestora, “los hospitales deberían intentar parecerse, en los momentos finales de la vida, a las casas, aunque sabemos que no siempre es posible ni necesariamente deseable. Lo que sí resulta imprescindible es garantizar el acompañamiento emocional del paciente, de su familia y del propio equipo sanitario, incluso en habitaciones compartidas”.

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“Mi preocupación, como médico y como gestor, es que estas situaciones sigan dependiendo en exceso de la sensibilidad individual del profesional y no de procedimientos claros integrados en los programas de calidad de las organizaciones sanitarias. Esta es una reflexión directa y una llamada a los Directivos de la Salud: no basta con estar de acuerdo en lo que debería hacerse, es necesario que las instituciones lo regulen, lo ordenen y lo hagan posible”, añade.
“Cuando un enfermo fallece, se produce casi un ‘secuestro’ del cadáver”
En este marco, el Profesor de Medicina Legal y especialista en Ética Rafael Pacheco ha ofrecido una reflexión introductoria sobre la dimensión humana, cultural y simbólica del final de la vida, recordando que la muerte no sólo es un hecho biológico, sino también un elemento estructural de nuestra condición humana: “el hecho de la muerte nos humanizó a todos. Somos humanos a partir del momento en que nuestro cerebro fue capaz de crear la capacidad de abstracción suficiente para saber que vamos a morir.”
Con respecto al contexto hospitalario, Pacheco subraya la dificultad emocional y organizativa de morir en un entorno compartido, dado que “cuando un enfermo fallece, incluso el ruido propio de la planta cesa. Y se produce casi un ‘secuestro’ del cadáver, como si hubiera que ocultarlo. Esto refleja hasta qué punto el tabú de la muerte nos atraviesa”.
“No existe el bien morir: existe hacer las cosas bien, mal o regular”
“No creo que exista la ‘buena muerte’ ni el ‘bien morir’. Morir nunca será bueno. Lo que sí podemos es hacer las cosas bien, mal o regular”, argumenta Rodríguez Sendín a la hora de abordar el papel que deben asumir los profesionales en los momentos finales del paciente ingresado.
Rodríguez Sendín insiste en que el sufrimiento se divide en físico y moral, y que este último es el que más necesita cambios organizativos. “La única forma de defender nuestra propia dignidad profesional es respetar hasta el final la dignidad del paciente. No podemos permitir que las convicciones del médico sean dominantes sobre las decisiones del enfermo”, comenta el miembro de la Comisión de Ética y Deontología de la Organización Médica Colegial, quien defiende también una aplicación más generosa y coherente de la sedación paliativa, recalcando casos reales en los que ésta se retira por criterios subjetivos de distintos profesionales, lo que califica de “mala práctica médica”.
Medicina defensiva y defunciones
La visión internacional la ha representado Alejandro Marín Mora, referente en Bioética y Bioderecho en América central y Suramérica: “el encarnizamiento terapéutico es hoy el principal motivo de consulta a los comités de bioética en Costa Rica, Uruguay, Argentina, España y Estados Unidos. La atención agresiva al final de la vida no sólo perjudica al paciente. Produce arrepentimiento clínico y contribuye al burnout (estar quemado) médico. Humanizar el final de la vida también es cuidar a quienes cuidan”. Además, Marín Mora señala la importancia de las voluntades anticipadas y la necesidad de que no únicamente exista el documento que recoge dichas voluntades, sino también una cultura institucional que asegure su cumplimiento. “En algunos estados de EE.UU. más del 90% de la población tiene directrices anticipadas porque éstas se exigen al ingresar en el hospital. Esa es la línea que deberíamos seguir”, apunta en esa línea.
Los ponentes han coincidido en que los hospitales deben contar con protocolos claros, realistas y humanizadores para los momentos de final de vida. “Si somos capaces de protocolizar procesos complejísimos, ¿cómo no vamos a protocolizar un procedimiento básico para acompañar dignamente a un paciente que está muriendo?”, se pregunta Mariano Guerrero.
Los expertos reclaman estándares de comunicación de malas noticias, protocolos de acompañamiento y final de vida, habitaciones o espacios que garanticen privacidad, coordinación entre servicios para evitar decisiones contradictorias, y formación y sensibilización emocional para el personal. “Con lo que tenemos -que no es malo- es posible hacerlo mucho mejor. Lo que falta es voluntad y prioridad institucional”, asevera Rodríguez Sendín.
El Ágora dejó una conclusión clara: morir en el hospital debe ser compatible con morir con dignidad. Los ponentes creen que este camino no es sólo clínico, sino también cultural, y que es una ruta que demanda liderazgo, formación y sensibilidad por parte de los Directivos de la Salud.




