Redacción Farmacosalud.com
El síndrome de burnout (estar ‘quemado’) se considera un estado de agotamiento físico, emocional y mental que, causado por un estrés crónico, se prolonga en el tiempo en el ámbito laboral. Existen varias técnicas psicológicas para el abordaje de este problema de salud, pero si fallan todas estas estrategias o bien los resultados obtenidos con ellas son insuficientes, se puede llegar a recomendar incluso un cambio de trabajo para poder superar el trastorno. Y ello es así porque, según indica Silvia Morales, psicóloga del área infanto-juvenil y del adulto del hospital Hospiten Roca (San Bartolomé de Tirajana, en Gran Canaria), “encontrar el propósito de nuestra vida es fundamental. Es decir, tenemos que hacer aquello que nos resulta fácil hacer, aquello que, cuando lo ponemos en práctica, se nos pasa el tiempo volando”.
“Es aquello que nos ilusiona, aquel algo que es innato, lo que se nos da bien… en definitiva, aquello para lo que hemos nacido, aquello que, haciéndolo, nos hace sentir felices... Por ejemplo, nos puede resultar fácil centrarnos en la música, los animales, los ordenadores, los niños, las manualidades, el deporte, el teatro, las personas mayores, los números... o dedicarnos a curar, sanar, ayudar, leer… Encontrar el propósito de nuestra vida nos da la motivación y la ilusión para mantenernos ocupados sintiéndonos útiles y cumpliendo con una de las necesidades básicas del ser humano: la necesidad de autorrealización”, comenta la psicóloga.

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Síndrome incluido en la CIE
Quien sufre burnout nota cansancio o fatiga, falta de energía, cae en un estado de bajo rendimiento y despersonalización y, por ende, padece una sensación de fracaso y frustración. “Esto afecta negativamente al estado físico y mental de la persona provocando, en muchos casos, un efecto pernicioso para la salud”, explica Morales mediante un comunicado. El burnout figura oficialmente como síndrome psicológico en las guías clínicas, en concreto, se encuentra en la CIE-10* bajo el código Z73.0, que describe ‘Problemas relacionados con la dificultad en el control de la vida’ o ‘Síndrome de estar quemado por el trabajo’.
Con todo -especifica Morales a través de www.farmacosalud.com-, “no es una enfermedad médica per se, sino un fenómeno relacionado con el estrés laboral. Es un precursor de lo que la CIE-11 clasifica formalmente como un fenómeno ocupacional, no una condición médica. De ahí que la CIE-11 lo denomine Síndrome de Desgaste Ocupacional. En el manual diagnóstico DSM-V el burnout no está incluido como un trastorno mental formal”.
*CIE: Clasificación Internacional de Enfermedades
La sanidad, la educación y los servicios sociales, los sectores con más burnout
El desgaste profesional se genera por afrontar de una manera inadecuada una situación de estrés crónico. Por ello, es importante, en primer lugar, reconocer estos escenarios y, de este modo, evitar caer en el síndrome de desgaste. La principal diferencia entre el burnout y el estrés es que el estrés no es un trastorno por sí solo, mientras que el burnout sí. “Es evidente que todo el mundo ha sufrido alguna vez un poco de estrés, pero una vez que esta condición empieza a transformarse en burnout, entonces acaba siendo algo mucho más problemático”, advierte.
Cuando es el estrés el que se manifiesta, la persona se implica demasiado en el trabajo, pero cuando se trata de burnout, hay menos o ninguna implicación. Con el estrés, las emociones se sufren con mayor intensidad que cuando se padece desgaste profesional. El primero provoca hiperactividad, frente al segundo, que genera un sentimiento de abandono. “El burnout no puede activarse sin haberse experimentado primero cierto grado de estrés, pero, por el contrario, el estrés puede manifestarse perfectamente sin derivar forzosamente en burnout”, aclara la especialista de Hospiten Roca.
Las profesiones con mayor prevalencia de burnout suelen ser las relacionadas con la sanidad, la educación y los servicios sociales, debido a la alta carga emocional y el trato directo con individuos en situaciones vulnerables. Las siguen ocupaciones de ámbitos como las finanzas, la atención al cliente y la administración de proyectos, que son sectores “afectados por presión, exigencias y falta de reconocimiento. Los cuerpos de Seguridad y Emergencias como policía, bomberos y técnicos de emergencias también presentan alto riesgo por la naturaleza de la actividad y porque son ocupaciones que requieren constante interacción y manejo de situaciones difíciles, lo que desgasta al trabajador”, aduce Morales.
Sobrecarga de trabajo, injusticia percibida…
La aparición del síndrome de burnout no depende de la jerarquía laboral, es decir, no se revela más en un escalafón empresarial que en otro. En otras palabras, que puede padecerlo un directivo, un mando intermedio o bien un operario de base. “En realidad, este síndrome es una combinación de factores laborales y personales, entre los que destacan la sobrecarga de trabajo, la falta de control y autonomía y la injusticia percibida (falta de reconocimiento, recompensas desiguales), así como un trabajo monótono, una baja autoestima, la incapacidad de decir ‘no’ o de poner límites, una personalidad pesimista, la presencia de ambientes laborales tóxicos (conflictos, falta de apoyo) y un desequilibrio entre vida personal y trabajo”, detalla la experta.

Silvia Morales, psicóloga
Fuente: Hospiten / HAVAS PR
Para poder mantener el bienestar físico y emocional, es fundamental adoptar hábitos saludables que incluyan la práctica regular de ejercicio, una alimentación equilibrada y momentos de conexión con el presente a través de la relajación, la meditación o el mindfulness. También es importante dedicar tiempo al ocio, la naturaleza y los hobbies, fortalecer los lazos con familiares y amigos y evitar la sobrecarga laboral mediante una buena organización y límites claros entre trabajo y descanso. Además, favorecer la desconexión digital contribuye a mejorar el reposo y el equilibrio. También es aconsejable buscar un propósito vital que proporcione motivación, satisfacción y sentido a nuestras acciones, hábitos que, a la postre, ayudan a alcanzar la autorrealización y la felicidad.
Sudoración excesiva, caída del cabello...
El desgaste profesional se manifiesta de diferentes maneras, entre las que destacan la ansiedad -en ocasiones en forma de ataques de pánico- la hiperemotividad, la depresión, la irritabilidad, la pérdida del apetito o la disminución de la libido. En los cuadros más prolongados, puede aparecer apatía, desgana, abulia o signos de despersonalización. Otros síntomas asociados con el burnout pueden ser la sudoración excesiva, la caída del cabello, tensión mandibular, dolor en músculos y articulaciones, cambios en el peso corporal, problemas digestivos o dificultad para conciliar el sueño.
Los tratamientos psicológicos más utilizados en el abordaje del desgaste profesional son: la reestructuración cognitiva, que ayuda a identificar y cambiar creencias desadaptativas que mantienen el malestar, junto con el entrenamiento en técnicas de gestión de la ansiedad y detección de creencias limitantes, todo ello con el fin de fomentar el autoconocimiento y una visión más realista de uno mismo.
Asimismo, hay que promover el establecimiento de rutinas de vida saludables, la práctica de técnicas de relajación para reducir el estrés y la adopción de una adecuada gestión del tiempo. Con estos procedimientos se pueden aprovechar mejor los momentos de descanso y ocio, que son elementos necesarios para el fortalecimiento del equilibrio emocional y el crecimiento personal. Para ayudar a una persona que está atravesando una situación de burnout, “el simple hecho de darle confianza puede contribuir en gran medida a ayudarla a sentirse menos sola”, sugiere Morales.

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Escuchar sin juzgar
De igual modo, es recomendable preguntar a estos pacientes qué es lo que necesitan para poder sentirse mejor. Mostrar un alto nivel de sinceridad y cercanía es algo que el individuo afecto de burnout apreciará muy positivamente. Validar sus sentimientos también es importante, así como guiar a estas personas hacia aquellos profesionales y recursos que puedan proporcionarles el apoyo más adecuado.
Escuchar de forma activa y sin juzgar permite que el sujeto con desgaste profesional se sienta acompañado y seguro. Asimismo, no hay que darle consejos de forma “automática”, puesto que “hacerlo provoca que la conversación se centre en nosotros, y eso no es lo que la persona con burnout necesita en ese momento”, sostiene Morales.
Por cierto, este síndrome puede manifestarse más allá del ámbito laboral y por lo tanto incidir en entornos familiares, círculos de amistad y ambientes deportivos (en este último caso, por ejemplo en la práctica de un deporte amateur). En esos escenarios, el burnout se traduce en una fatiga física y mental extrema por estrés crónico que afecta a las relaciones y al disfrute y que se produce por sobrecarga, expectativas frustradas o falta de equilibrio. "En el caso de los deportes, lleva a la pérdida de motivación y abandono, mientras que, en los ámbitos familiares y sociales, el conflicto entre roles (trabajo/familia) o la falta de apoyo pueden generar tensión e insatisfacción”, concluye la psicóloga.




