
Mariana Aróstegui
Fuente: Larousse
Mariana Aróstegui, autora del libro ‘Desincronizados’ (Larousse): Mariana Aróstegui es bióloga y experta en nutrición clínica y microbiota intestinal. Profesora en másteres sobre salud digestiva, además de conferenciante y divulgadora, ha desarrollado programas pioneros de transformación centrados en reconectar el cuerpo con su biología original, y ha escrito el manual ‘Cuida tus bacterias prehistóricas’ (2021).
Redacción Farmacosalud.com
«Hoy vivimos en una cultura donde se intenta, con buena intención, promover el respeto hacia todos los cuerpos. Pero a veces ese mensaje se confunde y acabamos normalizando lo que no es normal. Aceptar el cuerpo es importante, claro. Pero no podemos ignorar las señales de un cuerpo que está pidiendo ayuda con inflamación, fatiga y desregulación. Porque se confunde respeto con silencio y aceptación con negación. Cuidar de la salud metabólica no va en contra de la diversidad corporal, va a favor del bienestar de todos los cuerpos». Con el libro ‘Desincronizados’, Mariana Aróstegui trata de hacernos ver que hay que cambiar una serie de hábitos -o, mejor dicho, malos hábitos- con el fin de que algunas de nuestras rutinas dejen de rechinar y acaben metabolizándose adecuadamente en pro de un mayor bienestar corporal. Hay que aprovechar que está aumentando la esperanza de vida para dotarla de una mayor sensatez y, de este modo, vivir más y mejor. Porque rectificar es de sabios y… también de sincronizados.
-‘Resetea tu metabolismo y reconecta con tu «yo» ancestral’, reza el subtítulo de su libro. Resetear es un concepto informático que evoca la idea de reinicio, mientras que lo ancestral nos lleva a los antepasados. ¿Combinando presente y pretérito, para que el futuro nos depare algo mejor?
Exactamente. La idea de resetear parte de algo muy sencillo: nuestro entorno ha cambiado de forma radical en muy poco tiempo, pero nuestro cuerpo sigue funcionando con una biología ancestral. Hoy vivimos con más estrés, más exposición a tóxicos, peor descanso y más problemas digestivos, y todo eso impacta directamente en el metabolismo. El libro no propone volver al pasado, sino aprender a vivir en el mundo actual reorganizando esos factores: cómo comemos, cómo descansamos, cómo gestionamos el estrés o a qué estamos expuestos, para que el entorno vuelva a estar en coherencia con lo que nuestro cuerpo necesita. Cuando haces ese ajuste, el metabolismo responde.
-‘Desincronizados’ explora cómo la vida moderna ha trastocado los ritmos biológicos y metabólicos que durante milenios garantizaron la salud y la supervivencia humana. No obstante, hay que reconocer que la esperanza de vida está aumentando cada vez más con los avances de la modernidad…
Es cierto que vivimos más años, pero eso no implica necesariamente vivir con mejor salud. Observamos cada vez más personas que acumulan décadas con fatiga, inflamación y alteraciones metabólicas, digestivas u hormonales, y además a edades cada vez más tempranas. La modernidad nos ha dado muchas ventajas, pero también ha traído un entorno con más estrés, peor descanso, peor calidad de alimentación y mayor exposición a tóxicos. El resultado es que vivimos más tiempo, sí, pero muchas veces con un metabolismo que lleva años funcionando por encima de su capacidad de adaptación.
-¿Cómo sabe alguien si tiene su ‘metabolismo cansado’, que es una de las expresiones que usted utiliza para conceptualizar algunos de los problemas de salud actuales?
Porque lo siente en su día a día, aunque muchas veces lo haya normalizado. Le cuesta levantarse con energía, necesita estimulantes para arrancar, come y se hincha o se siente pesado, tiene antojos frecuentes, le cuesta concentrarse o acumula grasa con facilidad. También es habitual ver problemas digestivos, peor tolerancia a ciertos alimentos o sensación de inflamación constante.

Fuente: Larousse
No es que el metabolismo falle sin más, es que lleva tiempo adaptándose a un contexto de estrés, mala calidad de descanso, exceso de estímulos y una alimentación que no siempre le facilita las cosas. Y llega un punto en el que empieza a dar señales.
-Usted escribe en su libro que se ven «niños con barriga y cara de adulto…». Impacta mucho lo de los menores con ‘cara de adulto’.
Sí, impacta porque describe algo que cada vez vemos más y que no deberíamos normalizar. Cuando hablo de cara de adulto me refiero a niños que empiezan a mostrar signos que no corresponden a su edad: más inflamación, cambios en la piel como acné precoz, o una expresión corporal más apagada. También vemos barriga abdominal, más problemas digestivos, cansancio o dificultad para concentrarse. Y, en el caso de las niñas, algo especialmente llamativo es el desarrollo precoz, con cambios hormonales que aparecen antes de lo esperado.
Todo esto refleja un metabolismo que está creciendo en un entorno con exceso de estímulos, peor alimentación, más sedentarismo, peor descanso y mayor carga tóxica. Ese desarrollo ‘acelerado’ no es una ventaja, es una señal de desregulación.
-¿En cuanto al acné, no es normal que se manifieste en jóvenes y adolescentes?
Se ha normalizado como parte de la adolescencia, pero eso no significa que sea inevitable desde un punto de vista biológico. Existen poblaciones que viven en ambientes más tradicionales en los que el acné es prácticamente inexistente, lo que indica que no es un fenómeno universal ligado únicamente a la edad o a las hormonas.
Además, sin necesidad de irnos tan lejos, si lo comparamos con generaciones anteriores, observamos que hoy en día el acné es más frecuente, aparece antes y en muchos casos es más persistente. Esto sugiere que el escenario actual -con mayor carga de ultraprocesados, alteraciones en la microbiota, más inflamación, estrés y peor descanso- está influyendo directamente en cómo se expresa ese proceso.
Por tanto, en muchos casos, el acné no es sólo una cuestión hormonal, sino también una manifestación de un metabolismo que no está funcionando en equilibrio.
-En su manual se lee: «se ha vuelto habitual tener kilos de más […] Incluso en personas de bajos recursos, donde hace unas décadas la delgadez era la norma por necesidad, hoy también predominan cuerpos metabólicamente alterados. Pero también hay grasa invisible a nuestros ojos y asumimos que, por el mero hecho de estar delgados, estamos sanos. Pero hay personas delgadas con el metabolismo roto, inflamadas por dentro y con el mismo riesgo de enfermedad que alguien con obesidad». ¿La cara ya no es el espejo del alma, sino de disfunciones ocultas?
Durante mucho tiempo hemos asociado la salud únicamente con el peso o la apariencia externa, pero eso en la actualidad se ha quedado corto. Históricamente, el cuerpo siempre ha dado señales: la palidez, el enrojecimiento, el color de la piel o de los labios ya se utilizaban como indicadores de salud mucho antes de entender la fisiología como la entendemos hoy. La diferencia es que ahora muchas de las alteraciones metabólicas no son tan evidentes a simple vista. Puedes tener un peso normal y, sin embargo, presentar inflamación, resistencia a la insulina o disfunción metabólica.
Por eso hablamos de una grasa invisible o de personas aparentemente sanas que, en realidad, tienen un metabolismo alterado. El cuerpo sigue siendo un reflejo, pero hoy muchas señales son más sutiles y aparecen antes de hacerse visibles.
-¿Ya sólo faltaba la Inteligencia Artificial (IA) para que pensemos y nos movamos menos y, por añadidura, nos volvamos aún más sedentarios?
La Inteligencia Artificial no es el problema en sí, sino el contexto en el que la incorporamos. Venimos de un estilo de vida cada vez más sedentario, con menos movimiento y una sobrecarga constante de estímulos. Si la tecnología se utiliza para sustituir la actividad física, pensamiento o interacción, puede acentuar esa desincronización.
Pero también puede jugar a favor. Si la utilizas para ser más eficiente, liberar tiempo y organizarte mejor, puedes dedicar ese espacio a moverte más, entrenar o cuidar tu salud. La clave no es la herramienta, sino el uso que hacemos de ella y si, en conjunto, nos acerca o nos aleja de un estilo de vida más alineado con nuestra biología.

Autor/a: danielt.1994
Fuente: depositphotos.com
-Cada vez hay más gente que vive sola… ¿esas personas también están desincronizadas?
La desincronización no depende únicamente de si una persona vive sola o acompañada, sino de cómo es su día a día. Tiene más que ver con la presencia o ausencia de ritmos: exposición a la luz natural, horarios regulares, movimiento, descanso o una cierta estructura diaria. Una persona puede vivir sola y estar perfectamente alineada en ese sentido.
Ahora bien, no podemos olvidar que somos seres sociales. La falta de conexión sostenida impacta en el sistema nervioso, aumenta el estrés y eso también tiene consecuencias a nivel metabólico. Por tanto, no es tanto vivir solo, sino cómo se vive esa soledad y si existe un mínimo de conexión, de rutina y de cuidado del propio entorno.




