Redacción Farmacosalud.com
El primer consenso nacional multidisciplinar sobre el manejo de la fractura vertebral osteoporótica aguda (FVO) sitúa, en el ámbito terapéutico, el inicio temprano de las medidas asistenciales como elemento clave del pronóstico funcional. Este abordaje se orienta al control adecuado del dolor y a la recuperación funcional precoz, evitando inmovilizaciones prolongadas. La nueva guía, que ha sido impulsada por la Sociedad Española de Columna Vertebral (GEER) junto a otras sociedades científicas, establece que el manejo temprano de la sintomatología dolorosa debe vehicularse a través de la administración de analgésicos no opioides como primera línea de tratamiento en los casos leves-moderados, y opioides en los cuadros más graves.
“El documento propone un enfoque integral que incluye un diagnóstico precoz adecuado, la evaluación del riesgo de nuevas fracturas y un tratamiento individualizado según el perfil clínico de la persona lesionada. En el ámbito terapéutico, el consenso destaca que la intervención temprana es determinante para el pronóstico funcional. El tratamiento debe orientarse al control eficaz del dolor y a la movilización precoz del paciente, evitando periodos prolongados de reposo que puedan incrementar la fragilidad y favorecer la pérdida de autonomía”, explica el Dr. Luis Álvarez Galovich, coautor del consenso y expresidente de la GEER.

Dr. Luis Álvarez Galovich
Fuente: GEER / Euromedia Grupo
“En cuanto al manejo del dolor, el documento señala que los analgésicos no opioides deberían constituir la primera línea de tratamiento en casos de dolor leve o moderado, reservando el uso de opioides para situaciones de dolor intenso. Más allá del tratamiento farmacológico, se insiste en la importancia de evitar el reposo prolongado y promover una recuperación activa”, detalla Álvarez Galovich.
Cementación vertebral
El consenso también refuerza el papel de los tratamientos intervencionistas, como la cementación vertebral o determinadas técnicas quirúrgicas, ya que pueden permitir una recuperación de las capacidades más rápida y disminuir el riesgo de deterioro a medio plazo.
“Estas intervenciones deben complementarse con programas de fisioterapia personalizados, orientados a restaurar la movilidad y mejorar la capacidad funcional. Además, el nuevo texto recuerda que la aparición de una fractura vertebral constituye en sí misma un diagnóstico clínico de osteoporosis, lo que obliga a iniciar de forma inmediata medidas de tratamiento específico y prevención secundaria. En este sentido, la atención no debe centrarse únicamente en el episodio agudo, sino también en reducir el riesgo de nuevas fracturas y preservar la autonomía del paciente a largo plazo”, comenta el facultativo.
La guía establece unos criterios diagnósticos, terapéuticos y de seguimiento adaptados al Sistema Nacional de Salud (SNS) que buscan, además, disminuir la variabilidad clínica existente en España en torno a las fracturas FVO. El trabajo, publicado en Archives of Osteoporosis bajo el título ‘Multidisciplinary management of acute osteoporotic vertebral fracture: results of a national Delphi* consensus’, recoge el resultado de un proceso Delphi en dos rondas en el que han participado 64 expertos de 7 organizaciones científicas nacionales: las Sociedades Españolas de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), de Geriatría y Gerontología (SEGG), Traumatología y Ortopedia (SECOT), Endocrinología y Nutrición (SEEN), Investigación Ósea (SEIOMM), Radiología (SERAM) y GEER.
*Delphi: el sistema Delphi es un método general de prospectiva que busca acercarse al consenso de un grupo de expertos con base en el análisis y la reflexión de un problema definido
Cada año se producen en territorio español alrededor de 500.000 fracturas vertebrales
La fractura vertebral osteoporótica constituye una de las complicaciones más frecuentes y relevantes de la osteoporosis en España. En un contexto de progresivo envejecimiento de la población, se ha convertido en un problema de salud pública de primer orden. Se estima que más de 3,5 millones de personas padecen osteoporosis en España, de las que cerca del 79% son mujeres, produciéndose cada año alrededor de 500.000 roturas vertebrales.
“Aunque la fractura de cadera es la que genera mayor discapacidad, las fracturas vertebrales son mucho más comunes y, con frecuencia, pasan desapercibidas. Diversos estudios estiman que entre el 60% y el 70% de estas lesiones no llegan a diagnosticarse, ya que sus síntomas suelen atribuirse a dolores de espalda crónicos, como lumbalgias o dorsalgias”, advierte el Dr. Álvarez Galovich. Las FVO también pueden ser atribuidas a cambios degenerativos propios de la edad avanzada, y por tanto no ser detectadas con certeza.

Autor/a: ocskaymark
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“Pese a esa elevada incidencia, hasta ahora no existía un consenso claro sobre cómo abordar estas fracturas. La patología es atendida desde diferentes especialidades médicas y, en muchos casos, el manejo se limita a la perspectiva de cada profesional -por ejemplo, el tratamiento del dolor- sin integrar aspectos fundamentales como el control de la enfermedad de base o la prevención de futuras complicaciones mecánicas. Ante esta situación, el objetivo del consenso ha sido unificar criterios y establecer un modelo de atención multidisciplinar para estos pacientes”, subraya.
Así pues, dado que en España hasta ahora no existía una guía nacional unificada para el manejo de la fase aguda de las FVO (lo que favorecía enfoques heterogéneos entre centros y especialidades), el consenso nace con vocación de ordenar, armonizar y mejorar la calidad asistencial frente a un problema sanitario de gran impacto. La osteoporosis se caracteriza por la pérdida progresiva de masa ósea y calidad del hueso, que pierde resistencia y puede quebrarse ante traumatismos mínimos o incluso durante la realización de actividades cotidianas. Son las llamadas fracturas por fragilidad, que no requieren un accidente grave para llegar a producirse.
El 25% de la población femenina mayor de 50 años tiene osteoporosis
En España, la osteoporosis afecta a una parte importante de la población adulta mayor. Según estimaciones del Ministerio de Sanidad y de la SEIOMM, entre el 22% y el 25% de las mujeres mayores de 50 años presentan esta condición, proporción que aumenta de forma significativa a partir de los 70 años. Aunque menos frecuente, también afecta a hombres en edades avanzadas.
El progresivo envejecimiento de la población española anticipa un incremento sostenido del número absoluto de personas en riesgo de sufrir fracturas por fragilidad. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, más del 20% de la población supera los 65 años y el grupo de mayores de 80 es el que más crece en términos relativos. Dado que la osteoporosis y las fracturas asociadas incrementan su frecuencia con la edad, esta evolución demográfica permite prever también un aumento de la carga asistencial vinculada a la fragilidad ósea en los próximos años.
Una lesión que predice un mayor riesgo de padecer posteriormente una fractura de cadera
Una de las principales contribuciones del consenso es la unificación de criterios diagnósticos en la fase aguda de las FVO. El panel establece que la radiografía simple dorsal y lumbar debe ser la prueba inicial en los casos sospechosos, reservando la resonancia magnética para situaciones de dolor persistente o dudas sobre la antigüedad de la fractura. El documento refuerza la necesidad de una valoración clínica minuciosa y de un enfoque multidisciplinar que permita diferenciar lesiones recientes de deformidades antiguas y descartar causas secundarias cuando sea necesario.
La nueva guía resalta, asimismo, que la fractura vertebral suele ser el primer indicio de una fragilidad ósea avanzada. Tanto es así, que la presencia de FVO es uno de los predictores más sólidos de aparición de nuevas lesiones osteoporóticas, puesto que podría estar duplicando el riesgo de que se produzca una fractura de cadera, además de incrementar significativamente la probabilidad de que se sufran roturas posteriores en otros territorios óseos.
El riesgo de refractura en los dos años siguientes al primer evento se considera elevado, lo que refuerza la necesidad de realizar un seguimiento estructurado e individualizado. En este sentido, el texto ahora presentado destaca la importancia de la coordinación entre especialistas hospitalarios y de Atención Primaria, con el fin de poder garantizar un proceso médico marcado por la continuidad asistencial, la adherencia terapéutica y la reevaluación periódica del riesgo.




