
Cristina Giner
Fuente: Larousse Editorial
Cristina Giner, autora de los textos, y Blanca Nieto, ilustradora del libro ‘Tú también eres yogui’ (Larousse): Cristina Giner es periodista, y también practicante de yoga desde hace 20 años, además de haberse formado como Profª. en esta disciplina. También estudió danza clásica / Blanca Nieto es diseñadora gráfica, ilustradora y pintora y estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid. Esta es su sexta publicación.
Redacción Farmacosalud.com
A primera vista, ser testigo de según qué posturas de yoga -algunas de ellas con categoría de contorsiones- desaniman a cualquier mortal mínimamente falto de forma que tenga la pretensión de convertirse en adepto a tan milenaria disciplina. Pero el yoga va mucho más allá. No es únicamente un ejercicio postural, sino que también constituye una práctica que estimula la mente, entrena la respiración e incluso masajea el espíritu buscando alcanzar un estado de sana y equilibrada libertad.
En los dominios del yoga, el estrés y el sedentarismo está desterrados, igual que la ociosidad, tal y como se refleja en el libro de Cristina Giner ‘Tú también eres yogui’, en el que la sempiterna excusa de ‘no tengo tiempo’ pasa a mejor vida... el seguidor de la filosofía yogarizante no necesita obligatoriamente entornos místicos para practicar. Lo que necesita es mentalizarse de que estar en la ducha, esperar en la cola del supermercado o poner la lavadora pueden ser escenarios perfectos, como tantos otros, para darse una oportunidad de encontrarse a sí mismo.
Entrenando al músculo mental
El yoga es una disciplina espiritual, física y mental que tiene su origen en la India y que enfatiza la meditación con el fin de alcanzar, mediante la paz interior, un estado de liberación. Llegar a ese estado puede ser fácil, difícil o muy difícil dependiendo de la casilla de salida de cada uno. “Vivimos en la era de la distracción. Nuestra atención es muy valiosa, por eso los algoritmos intentan secuestrarla continuamente. Y esto no pone nada fácil la tarea de meditar. Las prácticas del yoga nos ayudan, primero, a anclar la atención en el cuerpo y la respiración, y de ahí poder llegar a la meditación”, comenta Giner.
“La mente no para, va saltando de un pensamiento a otro a una velocidad vertiginosa -prosigue-. Es como si estuviese navegando por internet y abriendo 10.000 ventanas a la vez. Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid muestra que el cerebro procesa cerca de 60.000 pensamientos, de los que el 95% son involuntarios. Y de estos, el 80% son negativos. Obviamente eso no nos da mucha paz en nuestro día a día. Meditar no es suprimir esos pensamientos, es decir, no es dejar la mente en blanco. ¡Eso no es que sea difícil, es que es imposible! El yoga propone entrenar la mente, como si fuera un músculo, para calmar el torbellino de pensamientos. Para eso, la práctica de yoga nos lleva primero al cuerpo y a la respiración, que son nuestros mejores aliados. Si consigues cada día durante unos minutos dejar las distracciones externas, respirar pausadamente y enfocar la atención, ya es un primer paso hacia la meditación. Pero no nos vamos a engañar… se necesita constancia y un poco de voluntad”.
En principio, nadie está incapacitado para conseguir los beneficios inherentes al yoga, ni tan siquiera aquellas personas que no creen en prácticas trascendentales. Y ello es así porque, según Giner, “una persona que no crea en prácticas trascendentales también respira, come y se beneficia de mover el cuerpo. Las prácticas del yoga están avaladas ya por estudios médicos y científicos, especialmente en el campo de la neurociencia. Ahora se habla mucho de todo esto en Occidente, pero que la respiración ayuda a transformar las emociones o a calmar el estrés, o que la nutrición influye en nuestro cuerpo y en nuestra mente, ya lo sabían los yoguis (practicantes de yoga) hace miles de años”.
Justamente, la autora de ‘Tú también eres yogui’ ha querido hacer un libro ligero, práctico y divertido, alejado un poco del halo trascendental o místico del yoga, con el fin de acercar esta disciplina a la vida cotidiana de la gente y, de este modo, animar a practicar yoga “¡aunque sea en la cola del supermercado, en un ascensor o al poner la lavadora! El objetivo es que la gente pueda empezar a escuchar su cuerpo a través de esta disciplina y pueda estar cada vez más presente. Esto tampoco es nada místico: la ciencia lo llama interocepción y propiocepción. Esta filosofía milenaria va más allá de lo físico… aborda también lo mental y lo espiritual. Yoga significa ‘unión’, conexión cuerpo-mente y espíritu, pero en un sentido práctico es una herramienta al servicio de la salud”.

Fuente: Larousse Editorial
“Existen muchos estilos de yoga, unos más físicos, como el Ashtanga o el Power Yoga; otros más relajantes como el Yin Yoga, y otros más devocionales o trascendentales, como el Bhakti yoga… así que uno puede elegir”, remarca.
Una forma de obviar el doom scrolling
La portada del nuevo manual hace alusión a ‘yoguis urbanos’, lo que no debe inducir a pensar que hay diferentes tipologías de yoguis en función de su lugar de residencia. O sea, que si bien existen diferentes estilos de yoga - Ashtanga, Iyengar, Sivananda, etc.-, su mejor o quizás peor ejercitación no va vinculada a la localización geográfica en la que se ubiquen los practicantes. “Hago esta referencia de ‘yoguis urbanos’ porque parece que en las ciudades la gente tiene menos tiempo y todo va más deprisa. Es una forma de decir: ‘aunque vivas en una ciudad y creas que no tienes tiempo, con este libro no tendrás excusas’. Nuestra mente es muy ingeniosa inventando excusas, ¿saben ustedes? Y la falta de tiempo es la más común”, explica Giner.
En definitiva, que el yoga va asociado a prácticas muy sutiles, sencillas y amenas que pueden ayudar a conectarnos con nosotros mismos en cualquier lugar y en cualquier momento. Sólo hay que soltar el piloto automático y volver a sentir el cuerpo. “Por ejemplo -asegura la periodista-, todos caemos en el doom scrolling (pasar el tiempo navegando sin control por las redes sociales) mientras esperamos el metro, subimos las escaleras mecánicas o estamos en la cola del supermercado. Pero uno podría aprovechar esos momentos para hacer yoga. Son estas pequeñas rutinas las que realmente marcan la diferencia en nuestro bienestar”.
¿Desestresaos, y seréis libres?
Así pues, en virtud de todo lo dicho hasta el momento… ¿desestresaos, y seréis libres? “¡Desde luego! -exclama Giner- Sería una buena cita postbíblica en los tiempos que corren. Como digo en el libro, vivimos en una era fascinantemente absurda: estamos todo el día conectados a pantallas, pero vivimos desconectados de nosotros mismos. A veces ni siquiera somos conscientes de estar estresados porque vivimos instalados en esa inercia y no nos damos tiempo para parar. Estamos viendo cada vez más problemas de salud mental y física derivados del estrés. El yoga propone un camino para revertir esas dinámicas, conseguir estar presentes en nuestro cuerpo y disminuir los niveles de estrés”.
“La respiración y el sistema nervioso están íntimamente relacionados. La respiración es un factor clave en toda la práctica del yoga. Cuando realizamos posturas, nuestro cuerpo se va liberando de tensiones, y además se va fortaleciendo, flexibilizando y también aprendiendo a relajarse. Cuando nos relajamos profundamente con las posturas (asanas) o la respiración (pranayama), el cuerpo pasa de estar en alerta, controlado por el sistema nervioso simpático, a estar en modo de relajación, controlado por el sistema nervioso parasimpático. En ese estado el cuerpo y la mente se sienten más seguros, con más espacio y, por tanto, más libres”, detalla.
Para la autora del manual, el yoga es una forma de crear espacios tanto internos (ampliando la capacidad pulmonar a través de la respiración o abriendo las articulaciones con una postura), como externos (haciendo pausas o dejando hábitos alimenticios o de otro tipo que no proporcionan salud). Tener espacio dentro y fuera, da libertad. “Aquí propongo una práctica que puede integrarse en la rutina sin esfuerzo y de forma divertida: ¡reírse y jugar también desestresa!”, afirma.
Tal y como se ha sugerido unas líneas más arriba, ‘Tú también eres yogui’ trata de integrar el yoga en la rutina de cada uno sin necesidad de desplegar la esterilla ni hacer huecos ‘imposibles’ en la agenda. “’¡La calle es tu esterilla!’, me dijo un amigo al ver el libro. Pero no sólo la calle, también la oficina, el tren, el ascensor, el supermercado… esta obra te propone hacer posturas de yoga sencillas mientras te duchas, te secas el pelo o te lavas los dientes; también en el andén mientras esperas el metro; en la silla de la oficina o, incluso, mientras pones la lavadora. Pero, como he comentado -dice la autora del libro-, el yoga no son únicamente posturas físicas”.
De hecho, el camino del yoga recogido en los Yoga Sutras de Patanjali -los aforismos que recogen la práctica y teoría del yoga- consta de ocho pasos. Las posturas físicas son sólo el tercer paso. Los dos primeros hacen referencia a prácticas de convivencia (yamas) y de autorregulación (niyamas) que ayudan a vivir en armonía en sociedad y con nosotros mismos. Algunos de ellos no son principios místicos, sino que hablan de asuntos prácticos para vivir con mayor bienestar. Desde cultivar la gratitud (santosha), a ser honestos y veraces (satya), pasando por no ejercer violencia sobre otros ni sobre nosotros mismos (ahimsa) o no acumular (asteya). “Todo esto se puede practicar fácilmente. Sentir gratitud o ser menos exigente y crítico contigo mismo ya es estar practicando yoga. ¡Este yoga, menos vistoso que las posturas o la meditación, también nos va transformando!”, enfatiza Giner.

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“Estamos diseñados para movernos y estar activos”
El yoga, asimismo, contribuye a combatir el sedentarismo, según subraya la escritora: “hoy en día pasamos muchísimas horas sentados y el cuerpo se resiente. Estamos diseñados para movernos y estar activos. Sabemos que el sedentarismo está asociado a numerosos riesgos para la salud. Pero los ejercicios de yoga nos ayudan a salir de esa inactividad. A nivel físico nos ayudan a mejorar la flexibilidad, desbloquear las articulaciones, fortalecer los músculos, estimular la circulación, regular el sistema hormonal, oxigenar el cuerpo...”
Precisamente, Giner ha dedicado un capítulo del manual al ámbito laboral, o dígase el trabajo, que es el lugar en el que más tiempo pasan sentadas muchas personas. Hacer pausas y posturas sencillas, aunque sea unos minutos, “ayuda a romper ese sedentarismo que silencia y acorta la musculatura o induce a adoptar malas posturas, que luego se convierten en contracturas. Hacer una pequeña torsión, movilizar los hombros, abrir el pecho o realizar un equilibrio mientras te haces un café o simplemente vuelves a casa andando te puede ayudar a activar el cuerpo y tener más energía”.
Pero es que, de acuerdo con Giner, el yoga incluso tiene propiedades terapéuticas, puesto que “puede ayudar a aliviar el dolor físico. De entrada, hay que ver qué tipo de molestia es y cómo podemos adaptar las posturas a una lesión o a un malestar. Si hay mucho dolor, se pueden llevar a cabo unas posturas muy suaves de yoga restaurativo que, sumadas a una respiración profunda y consciente (pranayama), servirán para aliviar y relajar el cuerpo”.
Muchos de los dolores de hoy en día están provocados por contracturas musculares que, a su vez, están vinculadas a los altos niveles de inflamación y estrés existentes (bruxismo, pinzamientos lumbares, hombros y cuello tenso). El caso es que “el yoga puede ayudar a liberar esas tensiones. También puede ser muy beneficioso para la circulación, para desinflamar, para purificar los órganos internos, para la regulación hormonal, para lubricar las vértebras… nuestra columna es un centro energético fundamental para la salud. El yoga físico nos ayuda a movilizar esa zona con torsiones, flexiones, etc. Es una excelente forma de prevenir dolencias de todo tipo”, establece la experta.

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No obstante, si alguien padece una lesión muscular o de ligamentos hay que practicar con cuidado. “En ese caso -advierte-, a menos que uno sea un practicante habitual, es mejor seguir los consejos de un profesor. De hecho, decidí que uno de los personajes del libro, Jara, tuviera una lesión para que los lectores supieran que las posturas se pueden realizar de formas diferentes para adaptarlas al cuerpo. Una vez más, lo importante es tomar consciencia de ese dolor y ver hasta dónde puedes llegar hoy. Hay que practicar desde el concepto de ‘ahimsa’. El precepto de ‘no violencia’ no sólo se refiere a los demás, también hacia uno mismo”.
«El yoga nada tiene que ver con ponerse la pierna detrás de la oreja»
Todo eso está muy bien, pero es que una de las posturas que se incluyen en el libro, la de la ducha, asusta por la magnitud de la contorsión… (Giner ríe) “Justamente lo bueno de las posturas de yoga es que se pueden adaptar a todas los cuerpos, condiciones y situaciones. Tal vez no todo el mundo podrá llegar a tocarse los dedos de los pies y plegarse como una pinza. ¡Y no vas a ser menos yogui por ello! Lo primero es escuchar al cuerpo porque la postura va a depender de cómo estés en el momento de la práctica. Yo ahora practico la de la pinza (uttanasana) con las piernas flexionadas porque tengo una lesión muscular”.
“Ya lo digo en el libro: «el yoga nada tiene que ver con ponerse la pierna detrás de la oreja». Hay lo que llamamos la ‘postura final’, la posición en la que podemos llevar al límite la amplitud del movimiento de las articulaciones, pero siempre a través de la atención, la constancia y la amabilidad. Las posturas no son meros ejercicios físicos de elasticidad, ya que tienen que practicarse desde la respiración consciente, la atención plena, la firmeza y la relajación. Ese es el verdadero camino del yoga. ¡Si no, tal vez consigas ser contorsionista, pero no yogui!”.
¿De verdad algunas mujeres acaban dejando a su pareja para irse con su ‘profe’ de yoga?
En el manual también se apunta que «el yoga no es una competición». A este respecto, no sería descabellado decir que, a menudo, la primera competición es la que instauramos en nuestra propia persona. “Muchas veces queremos hacer la postura ‘bonita’ que nos ha mandado algún algoritmo, pero eso no aporta nada si tu cuerpo no está preparado -manifiesta Giner-. ¿Cuántas veces habré intentado llegar más lejos de lo que mi cuerpo podía? Hay que conocer los propios límites y aprender a escuchar nuestros umbrales de esfuerzo para avanzar sin hacernos daño. El yoga, para mí, es ser capaces de escuchar el diálogo entre el cuerpo, que quiere hacer menos, y la mente que quiere que hagas más. O al revés. Esa autoobservación es lo interesante. ¿Qué dice mi cuerpo? ¿Qué dice mi mente? ¿Cómo hago que sea coherente?”
“Luego está la competición con el otro. Es humano. Todos hemos mirado de reojo al compañero para ver cómo hace la postura y, sin darnos ni cuenta, es fácil entrar en competición. Es como cuando vas conduciendo y un coche te va a adelantar: de forma inconsciente aumentas la velocidad para que no te alcance. Hay que esforzarse en cada postura, pero no entrar en un estado ansioso de competición para ver quién realiza el movimiento más ‘bonito’. Eso (rivalizar) ya lo solemos hacer bastante fuera del yoga. Para no compararnos con otros y no entrar a competir, tenemos que ser amables con nuestro proceso de aprendizaje. Estos pequeños gestos también son yoga”, sostiene la periodista.
Por cierto, hay una especie de leyenda urbana según la cual algunas mujeres acaban dejando a su pareja para irse con su ‘profe’ de yoga (desconocemos si existe la versión del hombre que se escapa con la ‘profe’ yogui)... ¿Es verdad eso, es decir, los maestros de yoga están rodeados de una especie de aura romántico-emocional? (Giner ríe de nuevo) “No me he encontrado nunca ningún caso como el descrito. Cuando uno empieza a conocerse, a cuidarse mejor en todos los sentidos y va sintiéndose cada vez más a gusto consigo mismo, supongo que es más fácil ser magnético o tener un aura más atractiva. Todos tendemos a querer estar cerca de gente que nos proporcione paz y tranquilidad, ¿no? Pero de ahí a escaparte con el ‘profe’ de yoga…”




