Redacción Farmacosalud.com
La nueva Pirámide Nutricional del Departamento de Salud y Agricultura de los Estados Unidos (EE.UU.) coloca el consumo de legumbres en la zona de consumo reducido, lo que contrasta con los dictámenes de la dieta mediterránea sobre los enormes beneficios para la salud que, según esta última pauta nutricional, aportan dichas plantas. “El posicionamiento norteamericano parece responder más a patrones culturales de consumo y a una menor integración de las legumbres en la dieta habitual de su población que a una valoración objetiva del perfil nutricional de estos alimentos y su impacto en la salud”, argumenta la Dra. Anny Romero Secín, coordinadora del Grupo de Trabajo de Nutrición de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN).
La posición que la pirámide estadounidense otorga a las legumbres, situándolas en una zona de consumo reducido, “puede interpretarse como una recomendación de ingesta escasa. Este enfoque contrasta de manera significativa con los principios de la dieta mediterránea, en la que las legumbres constituyen un alimento básico y habitual, ampliamente respaldado por la evidencia científica por sus beneficios en la prevención de la enfermedad cardiovascular, de la diabetes tipo 2, la obesidad y determinados tipos de cáncer”, recuerda la Dra. Romero.

Fuente: SEMERGEN
La escasa representación en el modelo norteamericano de alimentación de las fuentes proteicas de origen vegetal, como las legumbres, “contrasta con el amplio respaldo científico que avala su papel dentro de patrones dietéticos saludables y sostenibles. Consideramos que esta infrarrepresentación supone una oportunidad perdida a la hora de reforzar modelos alimentarios con beneficios demostrados tanto para la salud como para el medio ambiente”, agrega la coordinadora del Grupo de Trabajo de Nutrición de SEMERGEN.
La carne roja, en la base del conglomerado alimentario
Otro tema que llama la atención de la nueva Pirámide Nutricional de los EE.UU. es que se apuesta por ubicar la carne roja en la base de la estructura alimentaria, lo que contradice la evidencia científica de que una ingesta elevada de este tipo de producto cárnico se asocia con un mayor riesgo cardiovascular y de cáncer colorrectal.
“La inclusión destacada de los alimentos de origen animal y, por extensión cultural, de la carne roja en la base de la nueva pirámide nutricional promovida por el Departamento de Agricultura y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos resulta, como mínimo, controvertida. Esta representación contrasta con un cuerpo de evidencia científica consistente que asocia un consumo elevado de carne roja, especialmente la procesada, con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y de cáncer colorrectal”, señala Romero.

Dra. Anny Romero Secín
Fuente: SEMERGEN
No obstante, “la posición destacada otorgada a la carne roja en la base de la pirámide puede inducir a interpretar un mensaje de promoción de su consumo que no se corresponde plenamente con el contenido del texto, en el que se limita la ingesta de grasas saturadas a un máximo del 10% del aporte energético total”, matiza a renglón seguido.
“Consideramos que potenciar el consumo de carne roja no está respaldado por la evidencia científica disponible, ya que un consumo elevado de este tipo de alimento se ha asociado con un mayor riesgo cardiovascular y de cáncer colorrectal”, insiste la facultativa.
Evaluación oficial de SEMERGEN
Las declaraciones de la Dra. Romero coinciden plenamente con un comunicado de SEMERGEN en el que se evalúa el contenido de la nueva guía de la Pirámide Nutricional de los EE.UU. Más allá de incidir en la ingesta de legumbres y carne roja, el documento de SEMERGEN aborda otras cuestiones como la comida ultraprocesada, el consumo de alcohol y el uso del aceite de oliva:
▪ La nueva propuesta genera controversia principalmente por su representación gráfica, más que por el contenido del texto, que recoge algunas recomendaciones coherentes y alineadas con la evidencia científica actual, especialmente en lo relativo al énfasis en la comida real, la reducción de los alimentos ultraprocesados y la necesidad de limitar el consumo de azúcares añadidos, sal y alcohol. Sin embargo, consideramos que estos mensajes no quedan claramente reflejados en la iconografía de la pirámide, lo que puede favorecer interpretaciones simplificadas o erróneas por parte de la población general.
▪ El consumo de grasas insaturadas, y en particular del aceite de oliva virgen extra como grasa culinaria de referencia, cuenta con una base científica sólida que avala sus beneficios en la prevención cardiovascular, estando todo ello apoyado por estudios como PREDIMED y CORDIOPREV. Resulta llamativo que, pese a este respaldo, la guía equipare estas grasas con otras grasas culinarias de perfil claramente aterogénico, como la mantequilla o el sebo de res, lo que puede restar claridad a un mensaje clave desde el punto de vista de la prevención cardiovascular.
▪ Valoramos de forma positiva que la guía incorpore por primera vez un enfoque que va más allá del mero recuento calórico y de macronutrientes, poniendo el acento en el grado de procesamiento de los alimentos y en la limitación de aditivos, colorantes y edulcorantes. No obstante, la diferenciación entre ‘snacks saludables’ y no saludables puede generar confusión si no se acompaña de una adecuada educación nutricional que evite una falsa sensación de seguridad.
▪ Desde el Grupo de Trabajo de Nutrición de SEMERGEN reiteramos nuestro posicionamiento a favor de la Dieta Mediterránea como patrón alimentario de referencia, ampliamente avalado por la evidencia científica en la prevención cardiovascular y en el abordaje integral de múltiples patologías crónicas. Se trata de un modelo dietético basado en un predominio de alimentos de origen vegetal, como verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y frutos secos, con el aceite de oliva virgen extra como grasa principal, y con un consumo moderado de alimentos de origen animal, especialmente de carnes rojas.
▪ La nutrición constituye el primer escalón terapéutico en la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares y debe mantenerse como la base sobre la que, cuando sea necesario, se añadan otras intervenciones farmacológicas.




