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Especialidades / Otras especialidades / Enfermería

Fecha de publicación: 29 abril, 2019 / Fecha de Modificación: 30 abril, 2019

SIMPOSIO: CÁTEDRA DE NUTRICIÓN CENTRAL LECHERA ASTURIANA – UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID. MICROBIOMA Y NUTRICIÓN PERSONALIZADA

• XI Congreso Nacional de la Federación de Asociaciones de Enfermería Comunitaria y Atención Primaria (FAECAP), I Congreso de la Sociedad Científica de Enfermería Familiar y comunitaria de Euskadi (EFEKEZE) y VIII Encuentro Nacional de EIR de Tutores

• Dra. Cristina Vilanova, directora científica de Darwin Bioprospecting, Darwin Bioprospecting, Valencia. Dr. Luis Collado, director del Departamento de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y de la Cátedra Extraordinaria UCM/CLAS de Formación e Investigación en Nutrición Humana y Educación para la Salud, Universidad Complutense de Madrid, Madrid. Marta Hernández, Directora de Nutrición del Instituto Central Lechera Asturiana y Dra. en Ciencias Médicas

Saúl Vicente

Introducción

La personalización de los tratamientos a las necesidades propias de cada individuo es una de las opciones cada vez más demandadas por los pacientes. En ese nuevo panorama, marcado por el diseño a medida y la adaptación de los tratamientos a los usuarios, el microbioma y los probióticos juegan un papel predominante, ya que diversos estudios han demostrado que la microbiota puede ser empleada por los profesionales de la salud para diagnosticar y prevenir enfermedades de todo tipo, a través de la inclusión en la dieta de una serie de probióticos que variarán en función de cada individuo.

Para mostrar tanto la evidencia documental como la experiencia práctica adquirida por los profesionales especializados en este nuevo tipo de tratamiento, se ha celebrado en Vitoria el viernes 5 de abril de 2019, el simposio científico titulado “Microbioma y Nutrición personalizada”, en el marco del XI Congreso Nacional FEACAP, I Congreso EFEKEZE y VIII Encuentro Nacional de EIR de Tutores y realizado por la Cátedra de nutrición Central Lechera Asturiana – Universidad Complutense de Madrid.

(de izq. a dcha): Marta Hernández, Dra. Cristina Vilanova y Dr. Luis Collado
Fuente: Saúl Vicente

La sesión fue moderada por el Dr. Luis Collado, director del Departamento de Medicina y de la Cátedra Extraordinaria UCM/CLAS de Formación e Investigación en Nutrición Humana y Educación para la Salud de la Universidad Complutense de Madrid, y contó con las intervenciones de la Dra. Cristina Vilanova, directora científica de Darwin Bioprospecting; Marta Hernández, Directora de Nutrición del Instituto Central Lechera Asturiana y Dra. en Ciencias Médicas, y el propio Dr. Collado.

Microbioma y diagnóstico de riesgo de enfermedad

La Dra. Cristina Vilanova, investigadora de Darwin Bioprospecting -empresa especializada en llevar al mercado soluciones microbianas a la carta-, comenzó su intervención definiendo los conceptos de la microbiota y el microbioma. Por un lado, indicó que la microbiota es el conjunto de especies microbianas que habitan en un determinado hábitat, mientras que el microbioma es todo el material genético (ADN) que contiene esa microbiota. Una vez establecidos esos conceptos, claves para su exposición, la Dra. Vilanova señaló que todos los seres humanos comparten algo más del 99% de su ADN, mientras que la microbiota de cada individuo puede experimentar grandes variaciones de un sujeto a otro. Por ello, la experta indicó que “la microbiota puede ser mucho más descriptiva que el ADN a la hora de abordar tanto la nutrición como la medicina personalizada”.

El estudio del microbioma humano no es algo novedoso. A mediados del siglo XX, ya se observó que había microorganismos en el intestino humano. Sin embargo, no fue hasta el avance tecnológico de los años posteriores, cuando los profesionales de la salud pudieron tener una idea aproximada de la magnitud de las especies bacterianas que convivían con el ser humano y de la importancia que tenían las mismas. Así, en 2006, se observó como algunas de las bacterias ayudaban a producir vitaminas; en 2007, se llegó a la conclusión de que cada persona tenía un microbioma único -gracias al proyecto del microbioma humano estadounidense-; y, en 2014, se empezó a relacionar el microbioma con la aparición de ciertas enfermedades.

“Para entender cómo se puede utilizar el microbioma a la hora de predecir el riesgo de sufrir una enfermedad, primero es necesario conocer cuáles son los factores que están determinando la configuración de las especies bacterianas que encontramos”, mostró Vilanova. Esos factores pueden ser endógenos o exógenos. Entre los primeros, se encuentran el estado de desarrollo, ya que el microbioma intestinal experimenta cambios durante las diferentes etapas de la vida; la genética, pues según los polimorfismos propios del ADN se podrá encontrar unas comunidades microbianas u otras[1], y la presencia de situaciones especiales como el embarazo, dado que durante esta etapa las comunidades bacterianas cambian para ayudar a la madre a obtener una mayor producción energética[2]. Los factores externos serían el consumo de antibióticos, probióticos y prebióticos, que pueden acabar con la microbiota o regenerarla; la dieta y los hábitos de vida[3]; o la presencia de una enfermedad, clave de esta exposición.

En este sentido, la Dra. Vilanova explicó que “actualmente se conocen unas doscientas enfermedades que provocan variaciones en la microbiota, y no solo están relacionadas con el intestino, sino también con enfermedades de la piel, pulmonares, etc. Por tanto, hay mucho interés en la comunidad científica por saber cuáles son las especies del microbioma que pueden estar alteradas y pueden servir para determinar la presencia, o la futura presencia, de una enfermedad’.

Para estimar cuánto riesgo tiene una persona de desarrollar una determinada enfermedad, en base a su microbioma, son necesarios tres factores principales. El primero consistiría en descubrir o determinar, para cada afección, cuáles son los microorganismos marcadores que están diferencialmente presentes en una persona sana al compararla con una enferma. El segundo sería disponer de datos de referencia de la población normal sana. Finalmente, sería necesario disponer de técnicas que permitan cuantificar de manera fiable cuál es la abundancia de las especies que han sido definidas como marcadoras.

Una vez explicada la situación actual, la Dra. Vilanova pasó a las investigaciones y los avances futuros. “Cada vez se descubren más asociaciones entre microbiota y enfermedad. Por ejemplo, ahora se están viendo, tanto en ratones como en humanos, muchas correlaciones entre lo que pasa en el intestino y lo que sucede en el cerebro. Debido a ello, una de las principales líneas de investigación actual busca encontrar esas relaciones entre el microbioma y el estado de salud mental o anímico”, expuso.

Dra. Cristina Vilanova Fuente: Saúl Vicente

Dra. Cristina Vilanova
Fuente: Saúl Vicente

Por último, la Dra. Vilanova concluyó que “se conocen las relaciones causa-efecto entre la microbiota y diversas enfermedades, pero se desconoce el proceso por el que los microorganismos pueden estar influenciados por la enfermedad. Conocer esa relación pude ser clave para que podamos ser capaces de actuar en el microbioma y modificarlo en función de las necesidades de cada persona”.

Probióticos y nutrición

El Dr. Luis Collado fue el encargado de continuar el encuentro científico con su ponencia “Probióticos y Nutrición”. El Dr. Collado inició su exposición explicando las cuatro funciones de la microbiota intestinal e introduciendo a los asistentes el concepto de la disbiosis.

En cuanto las funciones de la microbiota, Collado explicó que éstas eran, principalmente, cuatro. Una función metabólica, al favorecer la digestión de alimentos no digeribles, con la absorción de nutrientes a través de las células del intestino y la participación en la síntesis de metabolitos; una función de barrera, al defender al huésped de los microbios, toxinas, etc. Y producir un moco protector de las células del intestino; una función de defensa, al contribuir al desarrollo del sistema inmunitario, y, por último, una función de mantenimiento, ya que mantiene la mucosa intestinal, la producción de moco y la actividad enzimática de la mucosa[4].

Por otro lado, sobre la disbiosis, el Dr. Collado indicó que consiste “en una modificación de la proporción adecuada de bacterias que una persona sana tiene en el intestino, debido a circunstancias como el consumo de fármacos, antibióticos, etc.” Y, además, destacó que “hoy en día la literatura al respecto vincula esta alteración intestinal con hasta 136 enfermedades distintas”[5].

Después, centrándose más concretamente en el caso de los probióticos, Collado explicó las diferencias entre probióticos, prebióticos, simbióticos, postbióticos, psicobióticos y paraprobióticos. El término probiótico hace referencia a los microorganismos, muchas veces de origen láctico, que consumidos en cantidades adecuadas producen beneficios para la salud de sus huéspedes. Los prebióticos, por otro lado, serían las moléculas de gran tamaño que proceden de compuestos hidrocarbonados y que potenciarían la acción de los ya mencionados probióticos. Los simbióticos surgirían de la combinación de los dos anteriores. Los postbióticos serían las sustancias químicas que producen los probióticos y generan efectos metabólicos e inmunológicos. Los psicobióticos son aquella serie de microorganismos que, al ser ingeridos en cantidades adecuadas, mejoran la salud mental. Por último, los paraprobióticos consisten en el material no viable de origen microbiano -microorganismos inactivados o fracciones celulares- que pueden reportar beneficios para la salud.

Una vez definidos los conceptos relacionados con los probióticos, el Dr. Collado pasó a explicar qué funciones pueden llevar a cabo en el organismo de sus huéspedes. “La función de los probióticos en el organismo es, básicamente, una función antimicrobiana”, introdujo y, acto seguido, pasó a exponerla: producen bacteriocinas que pueden destruir las bacterias patógenas que estén tratando de colonizar el intestino; bloquean los receptores intestinales que determinadas bacterias patógenas necesitan para ejercer sus funciones; producen ácidos grados de cadena corta, como el ácido butírico o el ácido acético, que pueden destruir agentes patógenos; mejoran las uniones de las células intestinales evitando que se produzcan endotoxinas metabólicas, como consecuencia del paso de agentes tóxicos al interior del organismo, y contribuyen a la estimulación del sistema inmune.

Ante estos beneficios, en 2006 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicaron que “la comunidad médica debería estudiar de forma más amplia la posibilidad de aplicar probióticos para prevenir y tratar trastornos intestinales, alergias e infecciones urogenitales”, y añadía que “están surgiendo datos que indican que personas por lo demás sanas pueden tomar probióticos como medio para prevenir ciertas enfermedades y modular la inmunidad del huésped”. Desde entonces, el impacto de los artículos, indexados en revistas JCR, que relacionan probióticos y nutrición han experimentado una progresión aritmética y, no solo eso, ya que según explicó el director de la cátedra UCM-CLAS, “no solo existen gran cantidad de artículos, sino que, además, la mayoría están bien posicionados según el índice de evidencia científica de la Universidad de Oxford”.

Dr. Luis Collado Fuente: Saúl Vicente

Dr. Luis Collado
Fuente: Saúl Vicente

El índice de evidencia científica de la Universidad de Oxford clasifica los documentos científicos en cinco niveles, que a su vez contienen varios subniveles, en función de la evidencia científica que presenten los textos. En los niveles uno y dos se encontrarían los textos que están comprobados con revisiones y ensayos perfectamente diseñados; en el tres, los estudios no consecutivos de un espectro apropiado, pero en los que no se ha aplicado un estándar de referencia a todos los pacientes y, en el cuatro y cinco, se situarían los artículos que no tienen el mínimo interés científico ni evidencia. “En el caso de los probióticos, el 37% de los documentos presentan un índice de evidencia del tipo uno, el 50% del tipo dos y, el resto, del tipo tres”, explicó el Dr. Luis Collado. Esos datos han provocado que, evidentemente, el interés comercial por los probióticos se haya disparado en los últimos años. Estados Unidos es el país que presenta un mayor consumo de este tipo de microorganismos, seguido por China, Italia, Rumanía y Japón.

El Dr. Collado, para mostrar que la visión general de que los probióticos solo sirven para tratar problemas gastrointestinales es errónea, expuso un caso en el que una cepa de Lactobacillus plantarum había logrado reducir el colesterol ‘malo’ en un 14% y el total casi un 40%[6]. “Cuando el lactobacilo coloniza el intestino tiene la capacidad de desconjugar las sales biliares encargadas de emulsionar el colesterol de la dieta para que pueda ser absorbido por las vías intestinales. De esta manera, el colesterol no se llega a absorber y es eliminado por las heces sin producirse cuadros de hipercolesterolemia”, indicó el experto.

“Los avances en el campo de la microbiota y de la nutrición personalizada, o de precisión, están provocando la desaparición de las denominadas ‘dietas milagro’. Es decir, hasta ahora la forma de llevar una nutrición adecuada se realizaba a base de dietas para adelgazar o evitar el colesterol. Sin embargo, en el futuro en vez de recurrir en muchas ocasiones a dietas estrictas para corregir algunos problemas nutricionales, se actuará directamente sobre la microbiota intestinal para mejorarlos. El Dr. Luis Collado advirtió finalmente a los profesionales de la salud que “en el mundo de los probióticos no es oro todo lo que reluce” y, por ello, recomendaba a todos los profesionales que profundizaran en estudios e investigaciones sobre ellos.

Microbioma y nutrición de precisión

En la última de las presentaciones, Marta Hernández, Directora de Nutrición del Instituto Central Lechera Asturiana y Dra. en Ciencias Médicas, mostró cómo los conceptos que habían sido expuestos por los anteriores ponentes podían ser llevados a la práctica. Para ello, recurrió a los dos proyectos que está llevando a cabo el Instituto CLAS Nutrición Personalizada, -en colaboración con UCM-CLAS, Darwin Bioprospecting, Capsa food y Sngular-: el proyecto Microbioma español y la nutrición de precisión desde tu microbiota: 39 y tú.

Hernández argumentó que, durante años, las investigaciones se habían centrado en el estudio de las bacterias patógenas que ocasionaban enfermedades, pero, hace una década, las investigaciones habían comenzado a centrar su atención también hacia las bacterias “buenas”, observándose en el caso de las bacterias intestinales que había muchas más beneficiosas que patógenas. “Sabemos que la microbiota intestinal juega un papel fundamental en la fisionomía y la fisiología del organismo y que la pérdida de su equilibrio -disbiosis- es una de las causas y factores fundamentales en el desarrollo, ya comprobado, de determinadas enfermedades”, explicó.

Para adentrase en el área de la nutrición, Hernández comenzó explicando la transición nutricional -variación que ha experimentado la nutrición, el comportamiento alimentario y el consumo energético- en España. “España es un ejemplo muy bueno de transición nutricional porque los cambios alimenticios han tenido lugar en un breve periodo de tiempo”, indicó Hernández. En los años 50 la dieta española se basaba en el consumo de vegetales y se caracterizaba por la escasez de alimentos y la malnutrición; en los años 70, aparece la dieta mediterránea con el aumento del consumo de verduras, hortalizas, frutas, cereales y aceite de oliva; a partir de los 80, esa dieta acabó convirtiéndose, gracias al aumento del poder adquisitivo, en una dieta de satisfacción, basada en el sabor y la cultura gastronómica, y, a partir de  los años 2000, se impone la dieta de la abundancia, que se caracteriza por un aumento en el consumo de grasas, sales, azúcares y calorías y una disminución de los nutrientes y la fibra.

“Debido a las consecuencias tan negativas que trajo consigo la dieta de la abundancia, surgió hace una década el concepto de nutrición personalizada o de precisión”, afirmó la experta. La nutrición de precisión es aquella que tiene en cuenta las características de cada persona y su entorno, a la hora de establecer cuál debe ser la dieta que más le convenga y que apoye la prevención de enfermedades. Además, debe desarrollar pautas efectivas basadas en la combinación de factores genéticos, perfil metabólico, etc.

Sobre el programa de nutrición personalizada 39ytú, que debe su nombre a los aproximadamente 39 billones de bacterias que viven en el intestino humano, Marta Hernández explicó que “el proyecto se basa en la idea de que conociendo la microbiota de una persona, los profesionales de la salud podrán saber si contiene marcadores de alguna alteración”, para ofrecer así “al paciente una serie de recomendaciones de manera personalizada, con el fin de lograr restaurar el equilibrio de su microbiota y cuidar así su salud”.

Marta Hernández
Fuente: Saúl Vicente

“Nuestro proyecto -añadió- se centra en siete dianas que han sido seleccionadas en función de su prevalencia entre la población -la diabetes, la celiaquía, la hipercolesterolemia, el estreñimiento, el disconfort intestinal, el disconfort digestivo y el sistema inmunitario débil- y, a partir de un probiótico y una serie de elementos bioactivos de probada eficacia, hemos creado una serie de productos que se centran en cada una de ellas”, indicó Hernández.

Por último, la experta explicó cómo se lleva a cabo el test de microbioma del proyecto 39ytú, que permite personalizar el tratamiento. “El test se basa en el análisis de una muestra representativa de la microbiota intestinal, tomada a partir de las heces (método no invasivo), que permite analizar la práctica totalidad de las especies de la muestra (los métodos de cultivo sólo pueden analizar un 1% de las especies presentes). A partir de ahí, se determinan las abundancias de los microorganismos marcadores descritos hasta la fecha para las 7 dianas seleccionadas, y se las compara con las encontradas en una población control de más de 1.000 individuos sanos. Por último, las dianas para las que se detectan varios marcadores alterados con respecto a la población control, se seleccionan para hacer recomendaciones personalizadas y evitar el desarrollo de la enfermedad”.

Referencias
1. Goodrich JK, Davenport ER, Beaumont M, Bell JT, Clark AG, Ley RE et al. Genetic Determinats of The Gut Microbiome in UK Twins. Cell Host Microbe. 2016; 19 (5): 731-743.
2. Koren O, Goodrich JK, Cullender TC, Spor A, Laitinen K, Bäckhed BK et al. Host Remodeling of the Gut Microbiome and Metabolic Changes during Pregnancy. Cell. 2012; 150 (3): 470-480.
3. Singh RK, Chang HW, Yan D, Lee KM, Ucmak D, Wong K et al. Influence of diet on the gut microbiome and implications for human health. Journal of Translational Medicine. 2017; 15 (1): 1.
4. Heintz-Buschart A, Wilmes P. Human Gut Microbiome: Function Matters. Trends in Microbiology. 2018; 26 (7): 563-574.
5. Rojo D, García-Méndez C, Raczkowska BA, Bargiela R, Moya A, Ferrer M, et al. Exploring the human microbiome from multiple perspectives: factors altering its composition and function. FEMS Microbiology Reviews. 2017; 41 (4): 453-478.
6. Wu Y, Zhang Q, Ren Y, Ruan Z. Effect of probiotic Lactobacillus on lipid profile: A systematic review and meta-analysis of randomized, controlled trials. PLoS ONE. 2017 ;12(6)

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