Redacción Farmacosalud.com
Un estudio ha evidenciado que el uso de nanopartículas de óxido de cerio (CeO₂NP), un compuesto con propiedades antioxidantes muy potentes, disminuye los efectos nocivos de la contaminación atmosférica. Este ensayo se realizó en modelos animales expuestos a partículas diésel, que es un componente habitual de la polución urbana.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación del aire se asocia a millones de muertes prematuras cada año, muchas de ellas relacionadas con enfermedades cardiovasculares. A pesar de esta evidencia, los mecanismos específicos por los que la contaminación afecta al corazón, especialmente en relación con el desarrollo de arritmias graves, no estaban del todo claros. Pero un trabajo liderado por el grupo de Enfermedades Cardiovasculares del Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR, en Barcelona), perteneciente al CIBER de Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV), con la participación del grupo de Nanopartículas Farmacocinéticas del VHIR, adscrito al CIBER de Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (CIBER-BBN), aporta nuevas evidencias experimentales que ayudan a llenar este vacío de conocimiento.

Fuente: Vall d’Hebron Barcelona Hospital Campus
Riesgo de desarrollar arritmias ventriculares
La investigación, publicada en la revista ‘Particle and Fiber Toxicology’, demuestra que la exposición continua a partículas diésel incrementa de manera significativa el riesgo de desarrollar arritmias ventriculares, un tipo de alteración del ritmo cardíaco que puede tener consecuencias muy graves, como la muerte súbita. Además, los electrocardiogramas de los modelos murinos estudiados presentaban alteraciones asociadas a un mayor riesgo arrítmico. Estos datos indican que la contaminación no sólo puede desencadenar episodios de arritmia, sino que también modifica el corazón de manera que lo hace más vulnerable a padecerlos.
“Un aspecto especialmente relevante es que estos cambios se observan en corazones que previamente eran sanos”, destaca el Dr. Ignacio Ferreira González, jefe del Grupo de Enfermedades Cardiovasculares del VHIR. “Esto nos indica que la contaminación puede actuar como un factor desencadenante de enfermedad, y no sólo como un agravante en personas con patologías previas”, añade.
Estrés oxidativo e inflamación: el origen del problema
El estudio profundiza en los mecanismos biológicos responsables de estos efectos. Los investigadores detectaron un aumento sostenido del estrés oxidativo en el corazón, un proceso que se produce cuando hay un exceso de moléculas reactivas de oxígeno capaces de dañar las células. Este estrés oxidativo se asoció a una respuesta inflamatoria exagerada y persistente. Como consecuencia de ello, el tejido cardíaco desarrolló fibrosis, es decir, una acumulación excesiva de tejido cicatricial rígido que interfiere con la correcta propagación de los impulsos eléctricos del corazón. Esta combinación de cambios estructurales y moleculares crea lo que los investigadores llaman un ‘sustrato arrítmico’, que facilita la aparición de arritmias graves.
Según Ferreira, estos resultados ayudan a entender por qué los episodios de contaminación elevada se asocian, también en humanos, a un aumento de ingresos hospitalarios y de mortalidad cardiovascular.

Equipo de Enfermedades Cardiovasculares del VHIR que ha participado en la investigación
Fuente: Vall d’Hebron Barcelona Hospital Campus
Uno de los aspectos más innovadores del trabajo es el análisis de una posible estrategia para reducir los efectos de la polución sobre el corazón. Los investigadores trataron a un grupo de animales expuestos a partículas diésel con nanopartículas de óxido de cerio (CeO₂NP), un compuesto con propiedades antioxidantes muy potentes, capaces de neutralizar las moléculas responsables del daño celular. Este tratamiento redujo de manera significativa el estrés oxidativo y la inflamación, disminuyó la fibrosis del miocardio y normalizó las alteraciones del electrocardiograma. Como resultado, la incidencia y la gravedad de las arritmias ventriculares se redujeron de forma notable.
“Estas nanopartículas demuestran que si intervenimos sobre el estrés oxidativo podemos revertir muchos de los efectos de la contaminación. Aún estamos lejos de una aplicación clínica, pero abre una línea de investigación muy prometedora”, remarca el Dr. Antonio Rodríguez Sinovas, jefe del Grupo de Investigación en Enfermedades Cardiovasculares del VHIR. A pesar de los hallazgos realizados, Ferreira advierte que estos resultados no deben interpretarse como una alternativa a la reducción de la contaminación: “la prioridad absoluta debe ser disminuir las emisiones y mejorar la calidad del aire. Pero, al mismo tiempo, es importante explorar estrategias que puedan proteger a las personas más vulnerables mientras este objetivo global no se alcanza”.




