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Especialidades / Enfermedades crónicas / Nefrología y riñón

Fecha de publicación: 8 octubre, 2015 / Fecha de Modificación: 9 octubre, 2015

“El fósforo está un poco encubierto en las etiquetas: pirofosfatos, fosfatos de tal…”

Este elemento, nocivo para los enfermos renales, es difícil de detectar en los envoltorios de algunos alimentos, asegura el Dr. Valdivielso, miembro de la Junta Directiva de la S.E.N

Redacción Farmacosalud.com

El fósforo es un elemento esencial para el organismo que se consolida en el cuerpo en forma de fosfatos. De hecho, los fosfatos están presentes en los huesos, el DNA o el ATP, pero en los enfermos renales crónicos estas sustancias son perjudiciales en tanto que en estadios tardíos de la enfermedad los niveles de fósforo se van acumulando y provocan problemas de salud, sobre todo en el sistema cardiovascular.

En el marco del XLV Congreso de la Sociedad Española de Nefrología (S.E.N.), el doctor José Manuel Valdivielso, miembro de la Junta Directiva de la S.E.N e investigador principal del Grupo de Nefrología Experimental en el Distrito de Investigación Biomédica de Lleida, revela a www.farmacosalud.com que “estudios recientes han demostrado que el fósforo también provoca efectos perjudiciales en personas sanas, dentro de unos rangos que se consideran relativamente normales”. De acuerdo con Valdivieso, “últimamente se ha detectado, sobre todo en las comidas procesadas y preparadas, unas cantidades elevadas de este producto que no son fáciles de detectar en las etiquetas porque vienen un poco encubiertas” con nombres como “pirofosfatos, fosfatos de tal…, sustancias que no se identifican realmente con el fósforo”.

En el siguiente vídeo, Valdivielso precisa qué otro tipo de alimentos y bebidas llevan este elemento en notables cantidades.

Por cierto, los refrescos ‘light’ tienen la misma cantidad de fósforo que el resto de bebidas refrescantes, advierte Valdivielso. Otras fuentes con abundancia de dicho elemento son los pescados (sobre todo el salmón), las semillas (pipas de calabaza, girasol, etc.), lácteos y derivados (especialmente el queso curado) y algunos frutos secos.

Fósforo bueno o malo, hombres o mujeres
Tradicionalmente, el ciudadano ha recibido mensajes contradictorios sobre el fósforo, han apuntado fuentes de la S.E.N. Desde viejos remedios que estimulaban al consumo de productos con este elemento para mejorar la memoria, a las actuales corrientes que destacan sus aspectos más negativos. Valdivielso considera que “en sí el fosforo es bueno […], lo que no es bueno es un exceso de fósforo en la dieta”.

Destaca, además, dos aspectos muy importantes: “Las necesidades de fósforo no son las mismas en diferentes etapas de la vida. Por ejemplo, un adulto necesita alrededor de 900 mg al día, mientras que un adolescente puede necesitar casi el doble. Además los niveles de fósforo que parecen ‘seguros’ pueden ser distintos en hombres que en mujeres”.

Los centenarios viven más años con menos fósforo
Para controlar los niveles de fósforo es necesario controlar la dieta -afirma este experto- sustituyendo las fuentes de este elemento por otras. Por ejemplo, no tomar comidas procesadas ni bebidas enlatadas o sustituyendo el queso curado por el fresco.

Vista exterior del Palacio de Congresos de Valencia, sede del Congreso de la S.E.N. 2015 Autor/a: Enric Arandes Fuente: E. Arandes / www.farmacosalud.com

Vista exterior del Palacio de Congresos de Valencia, sede del Congreso de la S.E.N. 2015
Autor/a: Enric Arandes
Fuente: E. Arandes / www.farmacosalud.com

Los niveles de fósforo y la longevidad se relacionan de manera inversa en la naturaleza. Por ejemplo, los ratones que viven una media de 2 años tienen niveles mayores que los perros, y éstos mayores que los humanos. Es decir, a mayor nivel de fósforo en plasma, menos vive la especie en concreto. Incluso dentro de la especie humana, los niveles de fósforo en personas centenarias son menores que en adultos de una edad menor. Según Valdivielso, el ejemplo extremo de cómo el fósforo puede acelerar el envejecimiento lo encontramos en el llamado Síndrome de Hutchinson-Guilford (Progeria), que produce un envejecimiento acelerado en niños. Estos niños tienen niveles de fósforo más altos de lo normal. ¿Casualidad?

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